Para construir un mundo nuevo

09 de Enero de 2020

[Por: Marcelo Barros]




A principios de cada año, muchas personas se desean feliz año nuevo. Sin embargo, no todas se dan cuenta de que cada vez es más urgente organizar la sociedad de una manera nueva y justa. Para toda América Latina y Caribe, la mayoría de los analistas predicen un año 2020 muy difícil, con fuerte aumento de las desigualdades sociales. La intervención intensificada del imperio estadounidense en los países continuará generando crisis y violencia social en casi todos los países. Ecológicamente, el panorama tampoco es optimista. En casi todos los países, los gobiernos entregan territorios y ciudades à las compañías mineras y multinacionales de pesticidas. Cada vez más, las personas ya no están organizadas por países o culturas, sino en comunidades virtuales congregadas a través de Internet.

 

La sociedad dominante no tiene en cuenta las necesidades verdaderas y prioritarias de la humanidad. Las decisiones sobre el futuro se han concentrado en manos de pocos, que mantienen el control del capital global y luchan entre sí por cada vez más poder y enriquecimiento. El mercado se ha convertido en un instrumento de dominación para empresas transnacionales, anónimas e impersonales. Este sistema transforma todo en una mercancía que se puede privatizar, incluidas las formas de vida. En esta realidad, ¿quién representa a los seres vivos? ¿Quién podría hablar en nombre de la humanidad? Preguntas como estas han provocado que personas de varios continentes se organicen y propongan una alianza de la humanidad para la vida. Es el Ágora de los habitantes de la Tierra.

 

A pesar de todas las dificultades, los movimientos sociales buscan una articulación más fructífera. A partir de la próxima semana, tendrá lugar en Porto Alegre, Brasil, el Foro de las Resistencias Sociales. Allí centenas de jóvenes crean el acampamiento internacional de la juventud. También comunidades indígenas y afrodescendientes tendrán sus espacios de encuentros. Miles de personas de diferentes países del continente discutirán nuevas direcciones para la construcción. de un nuevo mundo posible.

 

Para los pueblos originarios, insertarse y participar en este trabajo colectivo para transformar la sociedad es una forma de vivir la intimidad con el Misterio Divino. En las Iglesias cristianas, se busca profundizar una espiritualidad liberadora. En las luchas sociales y en la inserción en la vida de los más pobres, las comunidades eclesiales de base y los activistas cristianos experimentan la presencia del Amor Divino.  Una iglesia cristiana debería ser ensayo para una nueva sociedad, basada en la justicia, paz y comunión con la tierra y la naturaleza.

 

 

Imagen: https://insurgencia.org/transformacoes-sociais-resistencias-e-alternativas/ 

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