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Carta a los Empresarios: el Cardenal Chomalí y la Doctrina Social de la iglesia

La carta del arzobispo de Santiago, cardenal Fernando Chomali, titulada: “Carta a los empresarios: La empresa, promotora del bien común”, se presentó en un encuentro realizado en el Arzobispado de Santiago, organizado en conjunto con la Unión Social de Empresarios Cristianos, a fines del mes de agosto, reunió a más de 300 empresarios, ejecutivos, emprendedores, representantes gremiales y autoridades.

Lamento tener que volver a criticar un escrito de Monseñor Chomalí. Si se analiza esta carta y se contrasta con la Doctrina Social de la Iglesia (en adelante DSI) se hace evidente una o varias contradicciones, en particular con las encíclicas de León XIII: Rerum novarum, Juan Pablo II: Laborem exercens, Francisco: Laudato si’, Fratelli tutti y la exhortación apostólica Evangelii gadium y León XIV: Magnifica humanitas.

Aunque en ella busca interpelar moralmente a los empresarios, adopta un marco analítico centrado en la ética individual, el paternalismo de la empresa y la filantropía, omitiendo la enseñanza social de la Iglesia sobre el trabajo humano.

El silencio más elocuente del texto frente a la tradición de la DSI radica en la ausencia en ella de una mínima mención a  los sindicatos, como actores legítimos y necesarios de la empresa y de la  justicia social. Sostiene que “la empresa nunca es un lugar neutral. Está llamada, más bien, a convertirse en una comunidad donde las personas crezcan en humanidad…”, limitando las dinámicas laborales a las buenas intenciones de la empresa y la cultura corporativa.

Sin embargo el Magisterio de la Iglesia pone otros énfasis, en algunos casos dice exactamente lo contrario a lo que plantea Chomalí:

León XIII en Rerum novarum, números 36-38: Consagró el derecho natural de los obreros a asociarse y formar sindicatos para defender sus derechos frente a la asimetría de poder ante el capital.

Juan Pablo II (quien se define por su conservadurismo) en Laborem exercens, número 20 párrafo tercero nos dice que : Los sindicatos no son meros apéndices ni elementos de conflicto gratuito, “sí son un exponente de la lucha por la justicia social” y un elemento indispensable de la vida social moderna.

El Papa Francisco en su Discurso a la Confederación General Italiana del Trabajo (diciembre de 2022) señala: “No hay trabajadores libres sin sindicatos” 

Al ignorar el derecho de asociación colectiva, léase sindicatos, y el balance de poder estructural en la relación capital-trabajo, el texto reduce las relaciones laborales a un vínculo interpersonal de benevolencia patronal.

Chomalí  afirma que:

“Las empresas privadas son la fuente principal del desarrollo económico del país y, donde se genera la mayor cantidad de empleos. De ellas surgen los impuestos para financiar los bienes públicos…”

Esta afirmación está en abierta contradicción con la DSI:

En Laborem exercens número 12, Juan Pablo II expone clarito la prioridad del trabajo frente al capital. El capital es únicamente un conjunto de cosas, instrumentos de producción, mientras que el trabajo es el sujeto activo eficiente: “El trabajo es siempre una causa eficiente primaria, mientras que el capital… sigue siendo sólo un mero instrumento o causa instrumental”.

El Cardenal Chomalí, al situar a la empresa privada y su acumulación y o inversión como la causa y motor primario del desarrollo,  se alinea con una visión neoliberal de la economía de mercado, más que con el personalismo obrero de la DSI, donde es el trabajo humano (los hombres y mujeres que producen) la verdadera fuente creadora de valor y desarrollo social.

Sostiene que los problemas empresariales se reducen a fallas morales evitables o mala gestión de liderazgo: “Gran parte de los errores o equivocaciones que pueden cometerse en la cultura empresarial son evitables… Si cultivamos en el actuar ético el valor del otro y la virtud…”.

En el Magisterio de Francisco en  Fratelli tutti y Evangelii gaudium nos señala que la exclusión, la precariedad y el desempleo no son simples “errores de liderazgo”, sino el resultado intrínseco de un modelo económico global perverso:

“…hoy tenemos que decir “no a una economía de la exclusión y la inequidad”. Esa economía mata”(Evangelii gaudium, número 53). Denuncia las teorías del “derrame”  que asumen que el mero crecimiento de las empresas resolverá automáticamente la pobreza (Evangelii gaudium, número 54).

En Fratelli tutti (número 168), Francisco condena el dogma de la fe neoliberal en las fuerzas del mercado libre y rechaza que las reformas morales individuales basten sin una profunda transformación de las reglas e instituciones económicas.  “El mercado solo no resuelve todo, aunque otra vez nos quieran hacer creer este dogma de fe neoliberal. Se trata de un pensamiento pobre, repetitivo, que propone siempre las mismas recetas frente a cualquier desafío que se presente”.

Al abordar la tecnología y la Inteligencia Artificial, Chomalí apela al criterio ético del directivo y dice:

“Los empresarios tienen aquí un lugar insustituible. Son ustedes quienes -en gran parte- deciden qué tecnologías incorporar, cómo implementarlas y con qué propósito hacerlo”.

Sin embargo León XIV en Magnifica humanitas, número 63 y números 180-186 y Francisco en Laudato si’, cap. III, dicen algo muy distinto:

Tanto Francisco con el “paradigma tecnocrático” como León XIV en Magnifica humanitas advierten que la concentración del poder tecnológico y los algoritmos en manos de conglomerados privados amenaza la propia democracia y la soberanía de los pueblos.

León XIV plantea que la gobernanza de la IA y la automatización no puede ser delegada a la sola discrecionalidad moral o autorregulación del empresario, sino que exige control democrático, participación de las comunidades y cuerpos intermedios (principio de subsidiariedad activa), garantizando que el avance tecnológico no suprima la existencia encarnada del trabajador ni devenga en acumulación oligopólica.

En su conclusión, el Cardenal felicita y promueve abiertamente la filantropía empresarial:

“Quienes aún no han emprendido el camino de la solidaridad y la filantropía como parte de la vida de la empresa, los animo a que lo hagan porque con su acción mejorarán de manera directa y radical la vida de muchas personas”.

La Doctrina Social de la Iglesia ha advertido históricamente que la caridad o la filantropía como la llama el cardenal Chomalí,  nunca pueden suplir a la estricta justicia:

Pío XI en Quadragesimo anno, número 4 nos señalaba que: “…quienes, abundando en riquezas, juzgaban que una tal situación venía impuesta por leyes necesarias de la economía y pretendían, por lo mismo, que todo afán por aliviar las miserias debía confiarse exclusivamente a la caridad, cual si la caridad estuviera en el deber de encubrir una violación de la justicia…”, es decir, la caridad no puede considerarse un sustituto de los deberes de justicia que son injustamente denegados.

Benedicto XVI nos señala en Caritas in veritate, número 6 párrafo segundo: “No puedo “dar” al otro de lo mío sin haberle dado en primer lugar lo que en justicia le corresponde”.

El Papa Francisco en Evangelii gaudium números: 188-190 y 202 es tajante en denunciar que los problemas estructurales de la inequidad no se resuelven con planes asistenciales ni con la “filantropía”: “Mientras no se resuelvan radicalmente los problemas de los pobres, renunciando a la autonomía absoluta de los mercados y de la especulación financiera y atacando las causas estructurales de la inequidad, no se resolverán los problemas del mundo…”(EG, 202).

Reemplazar la exigencia de una redistribución justa del valor del trabajo, por la alabanza a la filantropía privada invisibiliza  la crítica de Francisco.

La carta del Cardenal Chomalí a los empresarios, se distancia del rol profético de la iglesia y de los fundamentos de la Doctrina Social de la Iglesia al pretender sustituir la demanda de justicia colectiva, organización sindical y reforma de los mercados y de la economía del “descarte”, por una apelación a la rectitud individual y la generosidad de los empleadores, desvirtuando así la esencia de la DSI que es la justicia social, para la construcción de una verdadera y efectiva  paz social.

 

Iglesia, derechos humanos y desafíos sociales en el mundo

El suplemento del 7 al 14 de septiembre de 2026 del Instituto Bartolomé de las Casas reúne una selección de artículos publicados en revistas y medios internacionales que abordan algunos de los principales desafíos de la Iglesia y de la sociedad contemporánea.

Entre sus contenidos destacan la memoria del jesuita colombiano Javier Giraldo y su compromiso con los derechos humanos, las denuncias de los movimientos populares argentinos sobre la situación social del país, los desafíos de la migración, el debate sobre el sacerdocio y las consecuencias de la inteligencia artificial para el mundo del trabajo.

A través de reportajes, análisis y comentarios, esta edición invita a reflexionar sobre la defensa de la dignidad humana, la opción por los más vulnerables, las desigualdades sociales, los conflictos y la responsabilidad de las comunidades cristianas ante estas realidades. El suplemento incluye también reflexiones sobre el Evangelio y los últimos, así como voces que cuestionan la exclusión y llaman a construir una sociedad más justa y solidaria.

Descarga y lee el suplemento completo para profundizar en estos temas y conocer las distintas perspectivas que ofrecen sus autores.

 

El auge de los Acuerdos de Isaac: cómo Israel está reconfigurando el panorama político de Sudamérica

Fredie Ponton, 15 de diciembre de 2025, https://21stcenturywire.com/2025/12/15/

La influencia extranjera en el Sur Global rara vez se presenta de uniforme. Llega disfrazada de ética, estabilidad y valores compartidos, revelando su verdadero costo solo una vez que se han establecido las reglas. En América Latina, dicha transformación ya está en marcha. Se está gestando silenciosamente una nueva arquitectura de alineamiento, presentada como una rectificación moral del rumbo pero que funciona como un filtro geopolítico. En su núcleo se encuentran los Acuerdos de Isaac, un proyecto deliberadamente inspirado en los Acuerdos de Abraham. Mientras que estos últimos normalizaron la posición de Israel en Oriente Medio mediante acuerdos de élite mediados por Washington, los Acuerdos de Isaac buscan reordenar la política latinoamericana integrando a gobiernos, economías e instituciones de seguridad en la órbita estratégica de Israel y Estados Unidos.

Los Acuerdos no se limitan a la imagen de Israel o a su aislamiento diplomático. Funcionan como un filtro de legitimidad: los gobiernos que se alinean son acogidos, financiados y promovidos; aquellos que se resisten son marginados, sancionados o señalados como parias morales. Venezuela, alineada desde hace tiempo con Palestina y con el eje más amplio del No Alineamiento, se encuentra directamente en el punto de mira.

Este artículo examina cómo funcionan en la práctica los Acuerdos de Isaac, por qué figuras como Javier Milei y María Corina Machado se han vuelto fundamentales para su implementación, y qué revela esta estrategia sobre las ambiciones de Israel en Sudamérica: no como un socio neutral, sino como un actor geopolítico activo que opera en tándem con el poder estadounidense.

Los Acuerdos de Isaac: una reedición latinoamericana del modelo de Abraham

 Los Acuerdos de Isaac no surgieron en el vacío. Están conscientemente inspirados en los Acuerdos de Abraham, que presentaron la integración regional de Israel en Oriente Medio bajo la etiqueta de “paz”, al tiempo que ignoraban por completo la autodeterminación palestina. La lección que parecen haber extraído los responsables políticos de Israel y Estados Unidos es sencilla: la normalización funciona mejor cuando se impone desde arriba, mediante el alineamiento de las élites, incentivos financieros e integración en materia de seguridad.

¡América Latina es el nuevo campo de pruebas!

Los Acuerdos son gestionados por una organización sin fines de lucro con sede en Estados Unidos, American Friends of the Isaac Accords, y financiados inicialmente por instituciones estrechamente vinculadas al Estado israelí y a las redes de la diáspora. Su objetivo declarado es combatir el antisemitismo y la hostilidad hacia Israel. Sin embargo, sus requisitos operativos revelan una ambición mucho más amplia. Se espera que los países que buscan adherirse:

  • Trasladen sus embajadas a Jerusalén, reconociendo la soberanía israelí sobre una ciudad en disputa.
  • Redesignen a Hamás y Hezbolá conforme a la doctrina de seguridad israelí.
  • Inviertan sus patrones de voto en la ONU y la OEA, foros donde América Latina ha votado históricamente a favor de los derechos palestinos.
  • Suscriban acuerdos de intercambio de inteligencia destinados a contrarrestar la influencia de China, Irán, Cuba, Bolivia y Venezuela.
  • Abran sectores estratégicos —como el agua, la agricultura, la gobernanza digital y la seguridad— a empresas israelíes.

Esto no es cooperación neutral; es condicionalidad política.

Los propios diplomáticos israelíes han descrito los Acuerdos de Isaac como una vía para atraer a la órbita de Israel a Estados latinoamericanos «indecisos», en un momento en que la opinión pública europea se ha vuelto menos fiable. En otras palabras, se está reposicionando al Sur Global como la retaguardia estratégica de Israel.

El papel de Javier Milei en Argentina ilustra el funcionamiento de este modelo. Milei no se ha limitado a mejorar las relaciones con Israel; lo ha adoptado como referente ideológico. Se ha comprometido a trasladar la embajada argentina a Jerusalén, ha definido a Israel como un aliado civilizatorio y se ha posicionado como la figura política emblemática de los Acuerdos de Isaac.

Dicho papel se formalizó en 2025, cuando Milei fue galardonado con el Premio Genesis, una distinción a menudo descrita como el «Nobel judío». El Premio Genesis no es políticamente neutral; se otorga explícitamente a figuras que refuerzan la posición de Israel en el mundo y sus vínculos con la diáspora. La decisión de Milei de reinvertir el dinero del premio directamente en el ecosistema de los Acuerdos de Isaac simbolizó cómo el reconocimiento moral, la lealtad política y la financiación operan ahora como un circuito único.

Se trata de una alineación recompensada de manera visible, material y pública.

Según informó AP en agosto, está previsto que los Acuerdos de Isaac se extiendan a Brasil, Colombia, Chile y, potencialmente, a El Salvador para el año 2026, tal como declararon sus organizadores: la organización American Friends of the Isaac Accords.

Informaciones recientes de The New York Times sitúan la participación de Brad Parscale en las elecciones de Honduras en el marco de Numen, una consultora política con sede en Buenos Aires que cofundó junto al estratega argentino Fernando Cerimedo; esto pone de relieve cómo las empresas transnacionales operan al margen del escrutinio regulatorio tradicional. Los críticos advierten que los métodos de Numen reflejan un ecosistema más amplio de influencia política global que a menudo recurre a la segmentación basada en datos, la elaboración de perfiles psicológicos y técnicas de amplificación digital asociadas a empresas de tecnología política y comunicación vinculadas a Israel, las cuales han operado en procesos electorales de todo el mundo.

Al combinarse con respaldos políticos estadounidenses, indultos estratégicos y estructuras de consultoría offshore, este modelo suscita serias preocupaciones sobre el uso de análisis de datos avanzados e infraestructuras de comunicación encubierta para moldear el comportamiento de los votantes en democracias vulnerables, erosionando la soberanía electoral y manteniéndose, en gran medida, al margen de cualquier rendición de cuentas.

Venezuela, Palestina y la fabricación de la ilegitimidad

Si los Acuerdos de Isaac requieren un antagonista moral, Venezuela desempeña ese papel a la perfección.

Desde que Hugo Chávez rompió relaciones diplomáticas con Israel en 2009 —en respuesta a la ofensiva israelí contra Gaza—, Venezuela se ha posicionado como uno de los aliados más firmes de Palestina en el hemisferio occidental. Tanto Chávez como, posteriormente, Nicolás Maduro, presentaron la resistencia palestina no como terrorismo, sino como una lucha anticolonial, alineando así a Venezuela con gran parte del Sur Global en lugar de con el bloque atlántico.

Bajo la lógica de los Acuerdos de Isaac, esta postura resulta intolerable. La oposición a Israel ya no se trata como una postura política, sino como prueba de extremismo o antisemitismo. Se equipara deliberadamente el sionismo con el judaísmo, lo que permite reformular las críticas a la política estatal israelí como una manifestación de odio. Esta narrativa proporciona la justificación moral para el aislamiento, las sanciones y, potencialmente, un cambio de régimen.

En este contexto entra en escena María Corina Machado, la figura de la oposición venezolana más acogida por las redes políticas israelíes y estadounidenses. La alineación de Machado con Israel no es retórica ni reciente. En 2020, su partido, Vente Venezuela, firmó un acuerdo formal de cooperación interpartidista con el partido gobernante israelí Likud, liderado por Benjamín Netanyahu. El acuerdo comprometió a ambos partidos a compartir valores políticos, cooperación estratégica y una alineación ideológica.

Este es un documento significativo. Vincula directamente a un movimiento de oposición venezolano con un partido gobernante extranjero, mucho antes de cualquier transición democrática, e indica cómo se espera que una Venezuela post-Maduro se oriente internacionalmente.

Machado ha ido más allá, comprometiéndose a:

  • Restablecer relaciones diplomáticas plenas con Israel
  • Trasladar la embajada de Venezuela a Jerusalén
  • Abrir la economía venezolana a la privatización y la inversión extranjera
  • Alinear a Venezuela con Israel y Estados Unidos contra Irán y los gobiernos izquierdistas regionales

Su discurso se basa en una afirmación crucial: que Venezuela no es antiisraelí, sino solo su gobierno. Según este planteamiento, los venezolanos son inherentemente proisraelíes y prooccidentales, y sus preferencias «verdaderas» son reprimidas por un régimen ilegítimo.

En una entrevista de noviembre con Israel Hayom, Machado afirmó que «el pueblo venezolano admira profundamente a Israel».

Este argumento es políticamente útil, pero históricamente débil. La solidaridad venezolana con Palestina es anterior a Maduro y refleja una tradición latinoamericana más amplia de identificación con los pueblos colonizados. Borrar esa historia equivale a negar a los venezolanos su capacidad de acción política.

La Liga Antidifamación (ADL), – anteriormente conocida como la Liga Antidifamación de B’nai B’rith– ha acusado repetidamente al gobierno venezolano de fomentar una retórica antiisraelí y antisemita. Sin embargo, un análisis más profundo revela una historia diferente. Las declaraciones de Caracas son, en gran medida, expresiones de solidaridad con el pueblo palestino y su derecho a la autodeterminación, combinadas con críticas contundentes a las políticas del Estado israelí. Al presentar estas posturas como ataques contra los judíos o contra Israel mismo, la ADL distorsiona la narrativa, convirtiendo posiciones políticas basadas en principios en una supuesta falta moral. Esta táctica pone de manifiesto un patrón más amplio en el que las organizaciones internacionales pueden presentar a los gobiernos del Sur Global como actores deshonestos cuando se resisten a la influencia israelí y estadounidense, sentando así las bases para la presión diplomática o la intervención.

Seguridad, Economía y el Costo de la Obediencia

Bajo el lenguaje moral de los Acuerdos de Isaac subyace una arquitectura de control bien conocida: integración de la seguridad, reestructuración económica y disciplina ideológica.

Israel es uno de los principales exportadores de tecnologías de vigilancia, sistemas fronterizos, plataformas de ciberinteligencia y herramientas de seguridad urbana, muchas de ellas desarrolladas bajo condiciones de ocupación y represión interna. En Sudamérica, estos sistemas se comercializan como soluciones al crimen y al narcotráfico, pero su verdadera función suele ser política: ampliar la capacidad de vigilancia estatal durante los períodos de transición.

La cooperación en materia de seguridad genera dependencia. Una vez que se integran el intercambio de inteligencia, la capacitación y la doctrina, la autonomía política se reduce. La divergencia política, en particular hacia China, los BRICS o los socios no alineados, se vuelve arriesgada.

La dimensión económica es igualmente estratégica. Las empresas israelíes participan profundamente en sectores como los derechos de agua, la desalinización, la agrotecnología, la gobernanza digital y las infraestructuras; ámbitos que determinan la soberanía a largo plazo. Estas inversiones suelen ir ligadas a procesos de privatización, desregulación y concesiones a largo plazo, transfiriendo el control de recursos estratégicos fuera del ámbito público.

Venezuela es el premio mayor. Una transición posterior al levantamiento de las sanciones abriría a la reestructuración una de las economías más ricas en recursos del mundo. El compromiso de Machado con una privatización acelerada encaja a la perfección con esta visión, planteando una pregunta inevitable: ¿quién se beneficia de la «democracia» cuando esta llega pre empaquetada con prioridades económicas extranjeras?

Esta estrategia es inseparable del poder estadounidense. El enfoque de la administración Trump —que plantea la política global como una guerra permanente contra el terrorismo y el narcotráfico, una narrativa respaldada por figuras como Marco Rubio— ha servido de cobertura para sanciones, operaciones encubiertas y violencia extrajudicial en toda la región del Caribe y el Pacífico. La alianza con Israel refuerza esta lógica, aportando tanto tecnología como una justificación moral.

Conclusión: El Sur Global y el derecho a elegir

Los Acuerdos de Isaac no se limitan a la posición diplomática de Israel. Se trata de reordenar el horizonte político de Sudamérica en un momento en que el Sur Global redescubre la multipolaridad.

El papel de Israel en este proceso es activo, estratégico y trascendental. Mediante el patrocinio político, la influencia económica, la integración en seguridad y el control de la narrativa, Israel está determinando qué gobiernos se consideran legítimos y cuáles son prescindibles.

Para Sudamérica, y para el conjunto del Sur Global, la advertencia resulta familiar. Cuando la alineación se presenta como una cuestión moral, la disidencia se percibe como una desviación. Cuando la soberanía está condicionada, el desarrollo sirve a intereses externos. Cuando se reescribe la historia, la intervención no tarda en llegar.

El no alineamiento nunca consistió en el aislamiento; se trataba del derecho a elegir. Hoy, ese mismo derecho está siendo discretamente renegociado, y el coste de negarse a ello podría quedar muy claro en poco tiempo.

 Foto portada: https://www.notitdf.com/

Sucede la Trinidad cuando conversamos

Un muchacho de unos 14 años me preguntó que era lo más bonito de ser “padre”…
Cuando dos personas hablan llegan a lo hondo de sus corazones y eso hondo es Dios mismo; dialogar es teofanía… la Trinidad sucede cuando escuchamos a otro, en la
confesión, en un consultorio, en un coloquio, en una charla, en la mesa y hasta en el juego.

Un muchacho de unos 14 años me preguntó que era lo más bonito de ser “padre”; le respondí que el sacramento de la confesión, escuchar a la gente y asegurarles el perdón de Dios; le contaba que a veces llegaban confundidos y se iban después llenos de paz y que esa paz se quedaba también en mí y me inundaba.Y después me preguntó que cómo hacer cuando otro viene triste y pide un consejo, que cómo encontrar lo que había que decir; le respondí que escuchar y escuchar, sin interrumpir, estar ahí, sin siquiera pensar en la respuesta que daríamos, y que si esto se hacía amorosamente, pues al final la persona hallaría en su corazón, después de vaciarlo contando sus cosas, el consuelo y la luz; que lo que necesitamos está dentro de nosotros, y que ese consuelo y esa luz en realidad son
presencia de Dios que nos habita y que, pase lo que pase, nunca nos dejará. Cuando dos personas hablan llegan a lo hondo de sus corazones y eso hondo es Dios mismo; dialogar es teofanía.

Y se fue el muchacho y se acabaron las preguntas, y yo me quedé pensando, que la Trinidad sucede cuando escuchamos a otro, en la confesión, en un consultorio, en un coloquio, en una charla, en la mesa y hasta en el juego. El otro llega a darnos su vida, sus alegrías, su dolor, sus dudas, también sus bromas, y es sacramento del Padre que se vacía para dar su ser al Hijo, el Padre lo hace desde la plenitud nosotros desde el límite, lo uno y lo otro es amor y el amor es Dios. Y nosotros que escuchamos, sacramento del Hijo, que se vacía de sí para recibir el ser del Padre, acogemos la vida de la otra persona, su intimidad y nos hacemos uno solo; y al final del diálogo, como en las procesiones trinitarias, el que cuenta sus cosas, al vaciarse de sí, al terminar respira hondo, ese respiro es sacramento del Espíritu Santo; y nosotros que escuchamos, recibimos su aliento y todo el ambiente queda lleno de Dios.

Sucede la Trinidad cuando acogemos al otro y somos acogidos. El Padre sucede en el menos esperado, en el que cuenta sus cosas, en el que viene tal vez confuso, necesitado, indigente y se entrega todo a nosotros; y no nos imaginamos que, al escuchar, el Hijo sucede en nosotros y el Padre nos participa su divinidad; somos divinos, así tan humanos, y es pentecostés; sí, porque al final de la conversación, sucede el Espíritu cuando el que habla, como el Padre, sintiendo su vacío, que es plenitud, toma aíre y suspira; y  cuando el que escucha, como el Hijo,  recibe ese aliento y lo respira; el aliento del Padre que el Hijo respira es el Espíritu Santo. Así nuestro tiempo es eternidad, es en la tierra como en el cielo. Qué bueno es para los viejos hablar con los jóvenes, sucedió también la Trinidad entre ese muchacho de unos 14 años y este viejo de 58.

https://www.religiondigital.org/de_dios_se_habla_caminando/trinidad-conversacion-escuchar_132_1467027.html

La paralización de envíos desde Arabia Saudí eleva la presión sobre el mercado energético europeo

El ataque con drones perpetrado por milicias hutíes contra el oleoducto Este-Oeste en Arabia Saudí ha desencadenado una severa interrupción en el suministro mundial de hidrocarburos. La infraestructura, clave para transportar cerca de siete millones de barriles diarios evitando vías marítimas conflictivas, ha quedado temporalmente inoperativa, forzando a Riad a cancelar diversos envíos programados hacia el continente europeo. Esta disrupción operativa ha impulsado la cotización del crudo de Omán hasta la cota de los 150 dólares por barril, un nivel crítico que los analistas del sector consideran el umbral límite antes de provocar un fenómeno irreversible de destrucción de la demanda.

Tensión logística y encarecimiento del transporte marítimo

La inutilización de esta vía terrestre ha obligado a redirigir los flujos energéticos hacia rutas marítimas de alto riesgo como el estrecho de Ormuz y el paso de Bab el-Mandeb. Esta alteración ha desatado un cuello de botella logístico sin precedentes en la industria del transporte de crudo que repercute directamente en la cotización de materias primas y en la evolución que experimenta el precio del gas natural.

Como consecuencia directa de la inestabilidad geográfica, las tarifas de fletamento para los buques petroleros han experimentado una escalada vertical. Los costes de alquiler diario se han situado en un millón de dólares, cifra que contrasta sustancialmente con los 100.000 dólares diarios registrados durante el ejercicio anterior.

Factores concurrentes en la oferta global de crudo

La crisis de suministros en Oriente Medio coincide con graves distorsiones operativas en otros dos países productores de primer orden:

  • En Libia, la National Oil Corporation ha suspendido la actividad en yacimientos estratégicos como Hamada y Al-Tahara debido a bloqueos de protesta en sus tuberías principales.
  • Paralelamente, Kazajistán ha reducido su capacidad de extracción en un 8,4% tras iniciar labores de mantenimiento programado en el complejo energético de Karachaganak.

Este escenario acumulativo de restricciones operativas reduce de forma drástica el margen de maniobra de las refinerías de la Unión Europea para diversificar sus aprovisionamientos a corto plazo, obligando al tejido productivo a buscar reducir consumo energetico para mitigar los sobrecostes.

Respuestas institucionales y proyecciones de mercado

Frente al desabastecimiento inminente, las administraciones internacionales han implementado medidas de contingencia para mitigar el impacto sobre los precios finales de los carburantes, mientras los usuarios identifican la compañia mas barata e intermediarios como papernest o grupos multinacionales de la talla de Repsol evalúan el impacto operacional en el suministro. La Armada de Estados Unidos ha comenzado a escoltar buques mercantes a través de zonas marítimas vulnerables con el fin de asegurar el tránsito de mercancías.

A pesar de estas intervenciones, firmas de análisis de mercados energéticos como XTB advierten que la volatilidad continuará marcando la cotización de las materias primas mientras no se restablezca la infraestructura saudí. La duración de las reparaciones resultará determinante para evitar que los costes de importación impacten de manera estructural en el tejido productivo europeo.

Fuente: papernest.es

 

¿Tendrá fin la violencia?

Uno de los problemas más debatidos hoy es el de la violencia. Especialmente la más perversa de todas, llevada adelante por el ejército del Estado terrorista de Israel bajo Benjamín Netanyahu. Actualmente, los soldados se divierten cortando piernas y brazos de niños inocentes, en un genocidio a cielo abierto, vergüenza para toda la humanidad que presencia todo sin hacer nada. Temen la venganza del verdadero Satanás de la Tierra, que es el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, pues está enloquecido y es insensible al dolor del mundo, además de ser un criminal pedófilo.

A lo largo de la historia surgieron muchos intentos de comprender este trágico fenómeno. Ninguno de ellos le dio una respuesta convincente: ni Tomás de Aquino, ni S. Freud, ni R. Girard, ni el cristianismo con su doctrina del pecado original. Nadie. Y la violencia está presente en todo.

Acompáñenme en esta reflexión. Nacimos en el interior de una explosión inimaginablemente violenta, el Big Bang, que supuestamente ocurrió hace 13.700 millones de años. Inmediatamente después tuvo lugar algo absolutamente misterioso: el tremendo choque entre la materia y la antimateria. Casi se aniquilaron mutuamente. Quedó apenas una parte de materia por cada mil millones. De ese mínimo de lo mínimo surgió el inmenso universo sobre nuestras cabezas, con miles de millones de galaxias, billones de estrellas y otros innumerables cuerpos celestes.

Los cosmólogos y astrofísicos nos afirman que la evolución existe en función de poner orden en ese caos violento primordial, haciendo surgir órdenes cada vez más complejos y, entre ellos, el nuestro, el más elevado, como seres humanos inteligentes, hombres y mujeres. Imaginen una galaxia con sus miles de millones de estrellas devorando otra galaxia: ¿cómo sería su estruendo?

Lo trágico de todo esto es que la violencia continúa en el universo, dentro de cada estrella o planeta y dentro de cada uno de nosotros. Por eso somos llamados dementes (demens) y, simultáneamente, sabios (sapiens).

A veces predomina la dimensión demente. Creo que estamos inmersos en ella, representada por la plataforma de inteligencia artificial Palantir, que asume abiertamente una concepción negativa del ser humano como esencialmente violento y que debe ser controlado y limitado en su libertad. Otras veces predomina la dimensión sapiente, que permite tiempos de paz y prosperidad, el desarrollo de los diversos saberes, de lo económico y lo social compartidos y de todo tipo de artes. Obsérvese que, aun así, el lado demens está allí, aunque bajo el control del sapiens, pues ambos conviven siempre.

En Brasil, la violencia de las distintas facciones desafía al Estado de derecho y a las leyes, dominando con brutalidad y muerte regiones enteras de ciudades como Río de Janeiro. Todos los candidatos proclaman que van a exterminarla, pero no dicen por qué medios. Y el Estado y los organismos de seguridad siempre llegan tarde.

Seguramente la violencia en Brasil tiene muchas causas, ya analizadas minuciosamente por numerosos autores. En rigor, ni siquiera deberíamos decir que aquí ocurre violencia. La violencia es estructural en la formación de nuestra sociedad. Fuimos construidos sobre un fundamento de violencia, que fue el proceso de exterminio de muchos pueblos originarios. Violenta fue la colonización. Impusieron a Brasil el modo de vida de los europeos, nos obligaron a hablar su lengua, a imitar sus instituciones, a asumir la misma religión cristiana y a someternos a los capitanes donatarios.

Extremadamente violenta fue la esclavitud en Brasil, que trajo cerca de 4,9 millones de personas africanas, aquí convertidas violentamente en esclavas. Cuando desembarcaban en Bahía recibían las primeras tres «P»: pan, para que no murieran de hambre; palo, una violenta paliza para que aprendieran rápidamente a someterse; y, por último, paño, para cubrir sus vergüenzas, pues normalmente viajaban desnudos en los barcos negreros. L. Gomes lo mostró en sus tres volúmenes de Esclavitud (2019 y siguientes). En una palabra, las vidas de los esclavizados fueron transformadas en carbón para el proceso productivo, como solía decir el indignado y recordado Darcy Ribeiro.

Violenta es la forma en que el pueblo ha sido tratado habitualmente, especialmente por la élite del atraso, que siempre lo ha considerado un jeca-tatu, un don nadie, un pobre diablo, cuya primera forma de relacionarse con él es el grito o el garrote. Bien lo constató A. Chomsky: «Rara vez he visto un país donde la élite tenga tanto desprecio por los pobres como Brasil».

Pero hay una violencia que, en realidad, es antiviolencia, nacida de un sentimiento: la rebelión frente a la contradicción existente entre las grandes mayorías que viven en una miseria desoladora y las minorías que disfrutan de una opulencia indecente. Quien recorre las inmensas periferias de nuestras ciudades y después llega al centro o a los llamados barrios nobles constata este desgarramiento, anterior a cualquier juicio ético o político.

La primera reacción es: ¿cómo pueden estas poblaciones vivir durante toda una vida en condiciones tan infrahumanas? ¿Se lo merecen? ¿Cómo pueden andar por ahí niños semidesnudos, con vientres hinchados, jóvenes de 15 a 17 años remontando cometas hacia el cielo, los que ni estudian ni trabajan, hombres de mediana edad sentados en las placitas sin hacer absolutamente nada porque llevan mucho tiempo desempleados? Lo que más duele es ver a niñas de 12 y 13 años abordando a los transeúntes: «Tío, tío, ¿vamos a hacer el amor? Son solo 5 reales… Yo sé hacer todo lo que le gusta a un hombre». A veces es el único dinero que sostiene a la familia.

Y, por otro lado, ¿cómo pueden vivir quienes disfrutan de una buena vida, bien alimentados, bien vestidos, bien instruidos y con abundantes cuentas bancarias? ¿Cómo pueden vivir humana y éticamente en medio de tanta contradicción?

En ese momento intuimos, entre la indignación y el desaliento, que la desigualdad es peor que la pobreza. Es simplemente inaceptable, por ser demasiado irracional. La razón es esta: si estas clases privilegiadas y el Estado detrás del cual se esconden, en lugar de gastar millones cada año en seguridad policial, muros, circuitos cerrados de televisión, guardias privados, automóviles blindados y viajes al exterior, gastaran parte de esos recursos en proyectos de educación, salud, formación profesional, creación de centros comunitarios, cooperativas de construcción de viviendas y espacios de recreación y arte, habríamos encaminado en gran medida la solución del problema social. Y todos disfrutaríamos de paz, podríamos caminar de noche por ahí sin miedo a ser asaltados e incluso asesinados.

Pensemos en términos globales. Si las potencias militaristas, encabezadas por Estados Unidos, dejaran de gastar anualmente billones de dólares en armas de muerte para las guerras que apoyan en Israel, Ucrania e Irán, y resolvieran tener un mínimo de sensibilidad y ser un poco más racionales, invirtiendo en los seres humanos, entonces podrían garantizar alimentación, salud, vivienda y trabajo a cada habitante de este planeta. Habríamos creado las precondiciones para una paz duradera entre todos los pueblos, el sueño de Kant.

Ocurre que cada vez más personas de las comunidades periféricas empobrecidas despiertan y ya no aceptan esta contradicción. Pasan a la violencia, que es antiviolencia, como forma de venganza y de solución individual al problema social. Mientras se mantenga el tipo de economía dominante, incluso bajo la administración del presidente Lula, con su preocupación por los desposeídos, la violencia continuará porque su causa no ha sido destruida.  Existe el riesgo de la rebelión de las masas de la que hablaba Ortega y Gasset ya en los años cuarenta. Esta nos conduciría a la barbarie, que no perdonará a nuestros hijos y nietos, y no a otro tipo de sociedad menos violenta por ser más igualitaria.

Pero llegará el tiempo en que prevalecerá la justicia, porque lo que debe ser tiene fuerza y la causa es invencible.

Leonardo Boff escribe para la revista LIBERTA del ICL (https://www.revistaliberta.com.br). Escribió también Brasil: ¿Concluir la refundación o prolongar la dependencia?, Vozes, 2018 (www.leonardoboff.org).

 

“¡Alzad la mirada!”

Este fue el gran mensaje del papa León 14 en su viaje a España: “¡Alzad la mirada!”…  es decir: ‘No se limiten a soportar las dificultades individuales y los problemas locales… La vida no se limita al horizonte de todos los días’… “¡Alzad la vista!” dijo el papa a los españoles, a toda Europa y a nosotros también.

En Ecuador estamos agobiados por una dictadura que no para de creer y que nos obliga a enfrentar en situaciones terribles: la violencia fomentada desde arriba que sigue campante, la falta programada de empleo que nos asedia, la perversidad de un gobierno que hace de la persecución su línea acción, olvidando la salud, la educación, las carreteras, la pobreza que se torna miseria.

“¡Alzad la mirada!” nos dice el papa, porque si hay tanta persecución es porque hay muchas resistencias individuales y colectivas en muchas partes contra un sistema de gobierno que está al acecho, mientras se prolonga desmesuradamente. Agachemos apenas la cabeza para seguir caminando contra los vientos contrarios… y juntémonos, porque así somos más fuertes para cambiar la dirección de los vientos.

‘Alcemos la mirada’ para no desanimarnos. En todas partes se está gestando un futuro mejor. Es la ley de la vida, parecida a un gran parto: ¡Hasta los muertos son fuentes de vida! ¡Pueden matar a las personas, pero no los sueños ni las utopías! Las personas, los pueblos, la naturaleza y el cosmos están preñados de un futuro mejor que hay que construir sin desmayar. Ya hace 2000 años san Pablo lo decía a los romanos: “Algo entretiene la inquietud del universo, y es la esperanza de que los hijos e hijas de Dios se muestren como son… Vemos que la creación entera gime y sufre dolores de parto. Y también nosotros gemimos en nuestro interior mientras esperamos nuestros derechos de hijos y la redención de nuestro cuerpo… En todo eso saldremos triunfadores” (8,19-23). Somos los hijos de la esperanza del universo y de Dios.

Comencemos mirando a nuestro alrededor y digámonos que el bien es y será más fuerte que la maldad. Valoremos los pequeños gestos de la vecina que no se cansa de cuidar de sus hijos, y los del vecino que limpia la calle y siembra plantas y flores, y a aquellos que nos saludan y nos sonríen. Miremos a las y los niños que juegan gritando de alegría. Miremos a los que se unen, se reúnen y se organizan para compartir, crear conciencia crítica, proponiendo alternativas… Claro, ¡son unas pocas gotas de agua en un océano agitado y turbulento! Pero, el mar está hecho de millones de gotas de agua y “¡una sola gota ya cambia su nivel!”

Alcemos la vista y miremos más allá de nuestras fronteras nacional y continental. Los estadistas calculan más de 50 conflictos armados en nuestro planeta… y el genocidio de Palestina que no termina. Al mismo tiempo, preguntémonos cuándo no ha habido guerras en nuestro mundo. No se respetan los derechos humanos, de los pueblos, de la naturaleza… Pero, “antes”, ¡ni se hablaba de derechos humanos!

Estamos en un mundo que quiere ser y vivir mejor a pesar de todos los pesares, porque esto es nuestro destino, inscrito en nuestro ADN. Una sola vela hace retroceder mucha oscuridad. Decía Jesús de Nazaret: “¡Ustedes son la luz, la sal y el fermento del mundo!” Nunca ha habido tantas Organizaciones Internacionales y Mundiales. Es cierto que muchas funcionan mal o no funcionan. Pero su existir nos dice que es posible hacer cosas nuevas, construir fraternidad, sembrar justicia, aplacar algo de la maldad… Nos dice que eso es nuestra tarea y nuestra responsabilidad, nuestra vocación y nuestra misión. A cada uno nos toca dejar el mundo un poco mejor.

Hace 25 años, un 11 de septiembre, la desgracia del derrumbe de las Torres Gemelas en Estados Unidos marcó el comienzo concreto de que la hegemonía norteamericana no es intocable. Actualmente Irán demuestra que el poderío militar de Estados Unidos no es invencible. Trump es un error garrafal de la historia norteamericana. La muerte de Allende en Chile proclama que el socialismo es posible y mejor que el capitalismo. El problema no es la perversidad de unos pocos, sino la indiferencia y pasividad de millones, entre los cuales nos incluimos nosotros en algún momento.

El neoliberalismo nos ha ganado la batalla de la organización, de la fraternidad y de la justicia, pero no ha terminado con las luchas por la vida que siglos tras siglos triunfan de la muerte, del odio y de la explotación en algún lugar del planeta. La bondad de algunos nos salva de la perversión de tantos malvados. Por eso el culto a los héroes y mártires de los pueblos… bien diferente del culto de los libros de historia que nos cuenta la historia parcializada de los vencedores.

Alcemos la mirada y aprendemos a mirar desde el revés de la historia, desde abajo, desde los pobres, las mujeres, los pueblos indígenas, los movimientos sociales, la Iglesia de los pobres, la música de los rebeldes. Otra historia se está escribiendo, proclamando, cantando: es la sabia de una vida nueva, de una convivencia mejor, de una armonía con la naturaleza, de una comunión con el cosmos y su Energía vital que nada ni nadie puede detener. Ubiquémonos en este buen lado de la historia, para aportar nuestro granito de arena, sentir la esperanza que todo lo anima y celebrar, en chiquito y por pedazos, “la fiesta que vendrá”, la fiesta que viene.

 

La Parábola de los dinerales

Hay una afirmación del Galileo en el evangelio de Marcos que, por una mala traducción, resulta intragable y ha generado rechazo en no pocas personas. Está recogida en Mc 4,25 y, con pequeñas variantes, en Mateo y Lucas (Mt 13, 12; Lc 8,18). Aparece repetida también como conclusión en una parábola de fuente común a Mateo y Lucas (Mt 25, 14,30; Lc 19,11-27).

Las traducciones más clásicas y extendidas (cito algunas: Antigua versión de Cipriano Valera cotejada con otras traducciones y revisada con arreglo a los originales hebreo y griego. Edición de 1930. Nácar-Colunga. Edición de 1966. Biblia de Jerusalén. Edición de 1966) traducen esta afirmación de Jesús del siguiente modo:

“Porque al que tenga se le dará, y al que no tenga, aun lo que tiene se le quitará”.

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