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Poder tecnológico e inteligencia artificial desafían a la teología de la liberación a repensar su misión

En el primer conversatorio del nuevo ciclo de Amerindia, Fernando Ordóñez y César Kuzma plantearon la necesidad de discernir críticamente el avance tecnológico desde la opción por los pobres, el cuidado de la dignidad humana y la construcción de comunidades capaces de resistir las nuevas formas de exclusión.

La relación entre poder tecnológico, inteligencia artificial y teología de la liberación fue el eje del primer conversatorio del nuevo ciclo promovido por Amerindia, una iniciativa que tiene como fin abrir espacios de reflexión sobre los desafíos contemporáneos a partir de la encíclica Magnifica Humanitas del Papa León XIV.

El encuentro reunió al filósofo y profesor uruguayo Fernando Ordóñez y al teólogo brasileño César Kuzma, quienes coincidieron en que la expansión de la inteligencia artificial no puede ser analizada únicamente desde sus posibilidades técnicas. Para ambos, el desafío central está en discernir qué modelo de sociedad se está construyendo y quiénes quedan dentro o fuera de sus beneficios.

Cultura algorítmica que transforma la experiencia humana

Fernando Ordóñez propuso ampliar la mirada más allá de la inteligencia artificial para abordar lo que denominó una “cultura algorítmica”, en la que las plataformas digitales adquieren una capacidad creciente para organizar la vida social, económica y política.

A su juicio, el principal desafío está en el poder concentrado en quienes controlan las infraestructuras digitales y en la capacidad de las plataformas para administrar el acceso a servicios, información y conocimientos. “Manda quien controla la puerta digital”, dijo.

El filósofo señaló que la experiencia humana corre el riesgo de convertirse en materia prima para anticipar e influir en comportamientos. Esta transformación afecta ámbitos como la educación, el trabajo y la política, al tiempo que genera nuevas formas de dependencia y concentración del poder.

En el ámbito educativo, por ejemplo, advirtió sobre la tendencia a sustituir procesos que requieren tiempo y aprendizaje por respuestas inmediatas generadas mediante herramientas digitales. Esta dinámica, sostuvo, puede contribuir al “adelgazamiento del pensamiento” y a una sociedad caracterizada por la fragmentación de la atención y el incremento de la ansiedad.

Del dato y la información a la sabiduría

Ordóñez planteó también una distinción entre dato, información, conocimiento y sabiduría. Mientras la cultura algorítmica puede procesar grandes cantidades de datos, reducir incertidumbres y producir resultados cada vez más precisos, permanece abierta la pregunta por aquello que constituye la sabiduría humana.

Desde una perspectiva creyente, sostuvo que la sabiduría no puede reducirse a la acumulación de información ni a aquello que puede ser medido y previsto. “La dignidad de la persona” es anterior al cálculo, dijo, y por ello el conocimiento humano implica una dimensión que no puede ser agotada por una máquina.

En este punto, recurrió a la noción aristotélica de phronesis, entendida como sabiduría práctica y capacidad de juzgar situaciones que ninguna regla puede anticipar completamente.

Para el profesor uruguayo, conocer implica asumir responsabilidad y responder ante la realidad. “Conocer es responder con la vida”, expresó, al subrayar que la experiencia humana está atravesada por la vulnerabilidad, el riesgo y la capacidad de tomar decisiones.

Babel y Jerusalén: dos maneras de construir el futuro

Una de las imágenes principales de su exposición fue la contraposición entre Babel y Jerusalén. Ordóñez interpretó Babel como una construcción basada en la pretensión de concentrar el saber en un único centro y de convertir la realidad, incluida la persona, en algo completamente medible.

Frente a ella propuso la imagen de Jerusalén, donde la construcción de la ciudad se realiza mediante la participación de diferentes personas y nadie posee por completo el plano de la obra.

Esta imagen le permitió relacionar el desafío tecnológico con una perspectiva sinodal: el conocimiento común se construye desde la responsabilidad compartida, el encuentro y el discernimiento. “Nadie posee el plano”, expresó, para señalar que tampoco la Iglesia puede considerarse propietaria absoluta de la verdad.

También llamó a la Iglesia a una autocrítica que le permita reconocer sus propias formas de concentración de información y poder. La búsqueda de la verdad, explicó, requiere escucha, apertura a la corrección y capacidad de reconocer los propios errores.

Atención y contemplación como formas de resistencia

Ordóñez encontró en la atención una posible respuesta frente a una cultura que fragmenta permanentemente la experiencia humana. Recuperando el pensamiento de Simone Weil, señaló que atender supone esperar la verdad sin fabricarla.

En este sentido, sostuvo que educar la atención ya no puede considerarse únicamente una práctica individual. También constituye una forma de resistencia frente a una economía digital que busca captar permanentemente la atención de las personas.

El ponente vinculó esta propuesta con la realidad de los pobres y de la Tierra. Detrás de la imagen aparentemente inmaterial de “la nube” existen cables, centros de datos, consumo de agua y energía y trabajadores que pueden encontrarse en condiciones precarias.

Planteó que la teología de la liberación necesita recuperar su capacidad de leer las nuevas estructuras que generan exclusión. “El clamor del pobre y de la tierra” exige, dijo, un saber capaz de preguntarse incluso cuándo es necesario detener el cálculo y poner límites a la lógica del crecimiento permanente.

En este camino, propuso recuperar la contemplación, la comunidad y la esperanza como prácticas capaces de purificar la acción de la prisa, el cálculo y la obsesión por los resultados.

La inteligencia artificial también exige nuevas preguntas teológicas

A continuación, César Kuzma situó el debate desde la teología y planteó que la fe cristiana no puede permanecer al margen de las transformaciones producidas por la tecnología.

Partiendo de la convicción cristiana de que Dios se hizo humano y asumió la realidad de la existencia, sostuvo que “nada es ajeno a la fe”. Por eso, la teología está llamada a escuchar, aprender, discernir y dialogar con los nuevos escenarios.

Kuzma insistió en que una buena reflexión teológica comienza con buenas preguntas. El desafío, explicó, no consiste en buscar respuestas inmediatas, sino en generar interrogantes capaces de abrir nuevos caminos de comprensión y acción.

Para el teólogo brasileño, el desarrollo tecnológico constituye un fenómeno simultáneamente global y local, con consecuencias humanas, sociales, políticas, económicas, socioambientales y religiosas.

Nuevas formas de esclavitud y colonialismo digital

Desde la tradición de la teología de la liberación, Kuzma pidió identificar las nuevas estructuras que producen pobreza, desigualdad y exclusión. La expansión de las infraestructuras digitales, sostuvo, puede generar nuevas formas de dependencia y configurar un “nuevo colonialismo”.

En este contexto, manifestó que una teología liberadora debe ser capaz de reconocer las nuevas cadenas que aprisionan a las personas y cuestionar las estructuras económicas y tecnológicas que las producen.

La opción por los pobres continúa siendo, para Kuzma, un criterio fundamental. No se trata solamente de optar “por los pobres”, consiste, más bien, en actuar contra las estructuras que generan pobreza e injusticia.

El teólogo recordó que la inteligencia artificial y el desarrollo tecnológico no son necesariamente contrarios a la vida humana. Son fruto de la creatividad y de la inteligencia de las personas. La cuestión fundamental, explicó, es preguntarse quién controla estas herramientas, para qué se utilizan y a quién benefician.

“¿Quién está incluido y quién no?”

Una de las preguntas planteadas por Kuzma fue precisamente quiénes quedan incluidos y quiénes son excluidos en esta transformación tecnológica.

El teólogo motivo a prestar especial atención a las personas y comunidades que pueden quedar rezagadas por los nuevos sistemas. Desde esta mirada, la teología de la liberación está llamada a recuperar una de sus tareas: reconocer a quienes permanecen invisibilizados por las estructuras de poder.

En diálogo con la encíclica Magnifica Humanitas, defendió la necesidad de “salvaguardar lo humano” y de comprender la liberación como un proceso integral.

También recurrió a la parábola del buen samaritano para proponer una actitud práctica ante las nuevas vulnerabilidades. Frente a quienes quedan “al borde del camino”, la pregunta cristiana no puede limitarse a identificar el problema, debe reconocer sus rostros, sus historias y sus esperanzas.

Desarmar el poder tecnológico y recuperar la centralidad humana

Durante el diálogo posterior, Alejandro Ortiz, coordinador de Amerindia, planteó a los panelistas dos cuestiones: cómo “desarmar” el poder tecnológico y cómo vivir la encarnación cristiana en este nuevo escenario.

Ordóñez relacionó el desarme con la construcción de una paz activa, comprometida con la justicia. Recordó la expresión del Papa León XIV sobre una “paz desarmada y desarmante” y sostuvo que cualquier proyecto de transformación social debe tener la paz como horizonte.

También propuso reconocer que parte de los instrumentos teóricos utilizados hasta ahora necesitan ser revisados ante la transformación provocada por la cultura algorítmica. Sin embargo, consideró que permanece vigente la opción radical por los pobres.

Para responder a los nuevos desafíos, planteó recuperar prácticas comunitarias como rezar, celebrar, contemplar y construir comunidad. La verdad, dijo, no puede ser monopolizada, sino que debe ser buscada y compartida con otros.

Kuzma, por su parte, señaló que hablar de “desarmar” implica preguntarse qué se quiere desarmar: palabras, estructuras de poder y herramientas que pueden producir nuevas formas de esclavitud. Las herramientas, aclaró, forman parte de la existencia humana; el desafío está en utilizarlas de manera que la persona no pierda su centralidad.

En esta tarea, insistió en la responsabilidad cristiana de preguntarse quién está incluido y quién queda fuera. “No podemos dejar a nadie para atrás”, reiteró.

La pregunta por los pobres sigue en el centro

Hacia el cierre, Kuzma recuperó una pregunta de Gustavo Gutiérrez que, a su juicio, mantiene toda su vigencia ante el poder tecnológico: “¿Dónde dormirán los pobres?”.

La interrogante, sostuvo, continúa siendo fundamental para una teología de la liberación y para cualquier teología que quiera responder a los desafíos de su tiempo desde el Evangelio.

El encuentro concluyó con una invitación a continuar el diálogo comunitario y el discernimiento.

Reviva el conversatorio en el siguiente enlace: https://youtu.be/MFRxLxR9Vwg

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