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El ascenso del imperio norteamericano extendido

Geopolítica latinoamericana y caribeña en tiempos de Trump

  1. La clave para entender el mundo actual son las nuevas configuraciones del capitalismo global. Los capitalismos están en plena metamorfosis para lograr sus objetivos de siempre: ganancias a costa de todo y poder global sobre todos. En los últimos años se ve más nítidamente que estamos en un nuevo momento del dominio del capital. Le urge la supremacía y control en los recursos naturales del planeta. En nuestro continente esto se ve de manera muy clara con Trump. Él es el rostro de los capitalismos mundiales sedientos de las riquezas del planeta. Para no fallar en esta tarea ha incluido en su gobierno, en áreas estratégicas, a los multimillonarios de su país.[1]
  2. En esta nueva configuración del poder geopolítico del planeta, el gobierno norteamericano ha entrado en su fase más peligrosa: la imperialista. Donde no ve ningún impedimento posible para lograr sus objetivos. Al ser el poder militar más fuerte del mundo han convertido sus intereses en órdenes, saltándose toda institución, regla o diplomacia internacional. Como en los imperios antiguos Trump no argumenta ni da explicaciones, solo llega y despoja. Y cuando dice algo lo más seguro es que sea una mentira. Pero así es con todos los gobiernos imperialistas (China, Rusia, Estados Unidos, Reino Unido) que han dejado de “funcionar” bajo las leyes democráticas y de instituciones mundiales nacidas desde una modernidad democrática impuesta después de la II Guerra Mundial. A este momento Le monde diplomatique lo llama la “nueva era imperial”[2]. Será como dice la revista francesa philosophie, en su número de marzo de este año, si “¿El imperio es el estado último del capitalismo?”[3] o ¿habrá nuevas configuraciones?
  3. Esta fase imperialista ha acelerado una dinámica biocida planetaria. El afán de riqueza de todos los imperios está destruyendo al planeta, es decir a toda la vida que existe en él: seres humanos, animales, bacterias, ciclos naturales de vida, ríos, mares, la tierra misma. Ocasionando cambios en el clima y en los procesos originarios del planeta que se han convertido, sobre todo para los más empobrecidos, en tragedias y desastres. Pero no les importa, ya no ven (aunque nunca quisieron ver) por la velocidad en que van despojando los recursos del planeta con tal de ganar su ecocida carrera imperialista.
  4. Si bien, el imperio norteamericano tiene en el poder militar y tecnológico sus principales fuerzas, no debemos olvidar la dimensión política o más concretamente geopolítica como elemento clave.[4] Para hacer posible esta dinámica imperialista, se necesita de gobiernos serviles y subordinados que pongan las condiciones necesarias y efectivas para lograr los objetivos de los imperios actuales. Llamamos gobiernos subordinados a los que se alían con los imperios para obtener ventajas geopolíticas. En el caso norteamericano la estrategia que se está empleando es la extensión territorial. Cosa no nueva desde la Doctrina Monroe. Desde entonces las invasiones y el intervencionismo norteamericano en América latina y el Caribe son constantes. La última invasión militar ha sido a Venezuela. El intervencionismo sigue dándose normalmente, como en el caso de Honduras, dónde el gobierno estadounidense apoyó, con mensajes directos de Trump a Nasry “Tito” Asfura señalándolo como el único candidato hondureño con el que su gobierno estaría dispuesto a trabajar. En este sentido la Doctrina Monroe, ahora llamada Donroe (por Donald) sigue más que viva. Por eso no es extraño pensar que la vuelta a la derecha y extrema derecha que está sufriendo el continente no tiene que ver solamente con una decisión del pueblo con su voto sino también con las intervenciones directas de USA. Sí, el voto de los pueblos es real, y se vota por la derecha por múltiples motivos: enojo con los gobiernos de “izquierda” o progresistas que no son capaces de solucionar los problemas reales del pueblo, juventudes desencantadas sin futuro inmediato que creen que el nuevo candidato es diferente, ideologías de “vanguardia” débiles, incoherencias y corrupción de siempre, errores del partido dominante, creencias en noticias falsas diarias a través de las redes sociales y miedo a perder lo mucho o lo poco que se tiene. Sin embargo, y entendiendo que los factores anteriores fueron un “caldo de cultivo” para la derecha y la extrema derecha, debemos profundizar qué significa para los procesos de liberación de nuestro continente las últimas victorias de los gobiernos como Chile, Perú, Colombia, Paraguay, Costa Rica, Ecuador, entre otros.
  5. En este momento de la historia la mayoría de los gobiernos latinoamericanos y caribeños son de derecha o extrema derecha. Solo tres países eran diferentes radicalmente: Colombia, México y Brasil. No contamos geopolíticamente con Cuba ya que, si bien es el único país socialista y con una historia de dignidad y soberanía imponente, está desde hace muchos años, en condiciones de sobrevivencia extrema por el bloqueo norteamericano, y como si fuera poco, en el mes pasado, el secretario de guerra de Estados unidos acaba de amenazarlos con una intervención militar[5]. Ahora, muy recientemente, tampoco podemos contar con Colombia, ya que acaba de ganar la presidencia el candidato de extrema derecha Abelardo de la Espriella, que se siente muy cómodo con Trump. México que, si bien no es de izquierda radical, si tiene un gobierno con políticas públicas con un tono social muy fuerte, valorado interna y exteriormente. La presidenta Sheinbaum le falta 4 años para terminar su mandato y ha hecho malabares diplomáticos para mantener una aparente soberanía nacional (cosa que se perdió en acuerdos clandestinos con los anteriores gobiernos de derecha). Brasil se juega su destino político en noviembre de este año. Lula contra el hijo de Bolsonaro, apoyado abierta y fuertemente por Trump. Si gana Lula seguiría siendo un país, que, si bien no acepta injerencias de Trump, si hace acuerdos y alianzas con los capitalismos globales del mundo. Si no gana Lula, el continente estaría en más problemas haciendo que Sudamérica le pertenezca tal cual a Trump, con la salvedad de Uruguay. La democracia en América Latina y el Caribe en tiempos de Imperio norteamericano está implicando una vuelta a la derecha de manera radical y contundente. Es un “tsunami antidemocrático” [6]. ¿Qué significa esto? Estamos hablando que, todos estos países inclinados hacia una derecha o extrema derecha jamás serán oposición a los intereses de USA, más bien se volverán parte de un nuevo imperio norteamericano extendido. De esta manera el “escudo de las Américas” (también conocida como la Coalición Contra los Cárteles de las Américas) con 18 países latinoamericanos y caribeños: Argentina, Bolivia, Chile, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Honduras, Panamá, Paraguay, Perú (recién anexado), Colombia, República Dominicana, Bahamas, Belice, Guyana, Jamaica, Trinidad y Tobago, se volverá en la práctica las nuevas colonias norteamericanas del siglo XXI. Quiero decir entonces que el imperio norteamericano se extenderá en un colonialismo aceptado gustosamente por los colonizados.
  6. La diferencia entre los tiempos de la doctrina Monroe y la actual doctrina Donroe, sigue implicando gobiernos afines a Estados Unidos en América Latina y el Caribe, pero con la diferencia de que son los gobiernos actuales latinoamericanos y caribeños los que quieren -ellos mismos- acercarse a Estados Unidos y harían todo lo posible por anexarse de alguna manera con el imperio norteamericano. Ya no se trata de gobiernos a modo y subordinados a Estados Unidos y que su tarea es mantener en orden al pueblo sometido para que sigan las ganancias de las empresas norteamericanas con políticas salariales injustas desde una soberanía nacional. Esto ya no basta. Se necesita de un control TOTAL. La pregunta que se hacen algunos gobiernos es ¿para qué mantener una problemática soberanía nacional si se puede vivir con las ventajas de una colonia norteamericana? El solo pensar esta posibilidad de algunos países latinoamericanos y caribeños da terror.
  7. Será muy importante darle seguimiento y análisis a los dos resultados que vienen en noviembre: las elecciones del Congreso de Estados Unidos y las elecciones de Brasil. Sin embargo, el plan está listo para el capital global norteamericano. Ganar las elecciones del Congreso, por parte de los republicanos, se vuelve vital ya que pondría en una ventaja amplia a Trump para ganar una reelección presidencial en 2028, posibilitando su tercer mandato. Si no es elegido él, y es otra figura política, como podría ser Vance o Rubio no bajaría el tono de violencia y colonialismo, sino que subiría. Pase lo que pase, las condiciones ya están puestas para que el imperio norteamericano se consolide y se extienda en el continente (aún ganando los demócratas). Aunque muchos apuestan que Trump hará lo que sea, hasta un fraude electoral, con tal de mantenerse en el poder. Esto implica que Estados unidos en su fase más imperialista podrá disponer a su antojo de todos los recursos del continente, podrá controlar los sistemas carcelarios del continente y obviamente pondrá más bases militares en lugares estratégicos de “defensa nacional”. El Imperio norteamericano sabe que tiene en sus manos el posible control de todo el continente. Las invasiones o intervenciones serán parte normal de la pax norteamericana.
  8. Esperanzas y teologías necesarias. Lo planteado anteriormente puede ser posible si se siguen dando las condiciones geopolíticas como hasta ahora. Tienen que converger varias circunstancias y procesos sociopolíticos y económicos, además de mantenerse inercias y formas simbólicas culturales dominantes. Pero lo que viene no es bueno para la vida del planeta ni del continente, debemos prepararnos y vislumbrar un escenario peor a la realidad que tenemos en este momento. Es necesario repasar y fortalecer nuestras herramientas cultivadas y aprendidas en tantos años de colonialismo pasado. Es tiempo de nuevas alianzas fuertes con otros países que no tienen la postura Trump por ejemplo Canadá. Es tiempo, otra vez, que la organización popular vuelva a aparecer en cada barrio, educando y enseñando a pensar, a leer, a imaginar otros mundos posibles, organizando ollas populares, medicinas solidarias, reconstituyendo eso que se llamaba “tejido social” o en palabras simples “confiar en el otro/a/e”. Es decir, debemos ser como nosotros hemos sido en más de quinientos años de colonialismo.
  9. Y no ser como ellos. Recordemos que dos años después de la caída de los socialismos históricos (1989) con su respectivo “final de la historia” Eduardo Galeano nos preguntaba ¿si queremos ser como ellos?, ellos: los del primer mundo, las potencias industriales-militares del capitalismo global, las naciones opulentas que imponen las reglas del libre mercado y el consumo masivo, que nos venden la falsa promesa de ser como ellos: modernos y ricos a cambio de obediencia ciega, disciplina económica y sacrificios sociales, prometiendo un futuro de prosperidad que nunca llega. Ellos los que han destruido el planeta y sus ciclos de vida, los que perpetúan la desigualdad, imponiendo una cultura que adora las cosas y desprecia la vida humana. Parece que esta pregunta regresa hoy, treinta años después, más necesaria que nunca. Los nuevos gobiernos ya la han respondido afirmándola. ¿Y nosotros?
  10. Recordemos desde tiempos apocalípticos, cuando hay un ellos, siempre debe haber un nosotros[7]. Los distintos, los que no aceptamos la marca de la Bestia, del Imperio. Nosotros los que no olvidamos a nuestros mártires y a nuestros desaparecidos/as, los que resistimos, los que hacemos que la rabia se vuelva organización popular, los que amamos y somos tiernos y cariñosos con toda la Vida del planeta. Los que no queremos hacer costumbre la violencia, el olvido, el racismo hacia el otro, la desconfianza, la apatía. Los que tejemos a diario la confianza en el otro.
  11. Hoy la Teología de la liberación vuelve a ser llamada, en estos tiempos de falsos dioses y visiones teológicas imperialistas (sionistas, fundamentalistas) a recuperar al Jesús de los evangelios. Se Jesús que se encarnó en medio del Imperio Romano y desde ahí, desde la periferia imperial nos enseñó que compartir el pan es una forma de resistencia frente a la economía imperial, que la compasión infinita es un ataque contra un sistema religioso basado en la compra del perdón, y la firme convicción que Dios y su reinado esta con los más pobres, olvidados y víctimas del sistema. Si los primeros cristianos y cristianas utilizaron el recurso de las buenas noticias (euaggelion) usado solamente por las élites y por el imperio romano, para re-escribir la buena noticia de Dios, estamos en el mejor momento para volver a re-crear nuestros evangelios latinoamericanos ante el nuevo imperio norteamericano extendido.

[1] Cf. https://elpais.com/internacional/2026-08-18/un-gobierno-de-millonarios-trump-nombro-para-su-administracion-a-57-personas-con-un-patrimonio-de-mas-de-100-millones.html

[2] Le Monde diplomatique, edición Cono Sur. (2026, febrero). Imperialismo desatado [Dossier]. Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, (320).

[3] Philosophie magazine No. 197. Mars 2026. L´empire, stade ultime du capitalisme?

[4] Hay muchas más dimensiones, elementos, perspectivas para comprender la realidad del mundo y de nuestro continente, sin embargo, el objetivo de este resumido documento es tocar la dimensión geopolítica actual y como trastoca al continente.

[5] Cf. https://www.infobae.com/america/mundo/2026/08/13/pete-hegseth-afirmo-que-estados-unidos-no-descarta-realizar-una-operacion-militar-contra-el-regimen-de-cuba/

[6] Cf. https://aristeguinoticias.com/1708/mundo/mexico-y-brasil-enfrentaran-asedio-de-trump-hasta-que-cedan-recursos-estrategicos-buscaglia/

[7] La idea es a partir de la obra de 1985 de Margaret Atwood: el cuento de la criada.

Foto: Criterio.hn

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