La teóloga feminista mexicana plantea que la crisis democrática latinoamericana también se juega en el terreno de las emociones, los afectos y las narrativas que circulan en la sociedad. Su reflexión será parte del segundo conversatorio del ciclo “Magnifica Humanitas”, organizado por Amerindia.
La crisis de las democracias latinoamericanas no puede analizarse únicamente desde el funcionamiento de las instituciones, los partidos políticos o las normas que regulan la vida pública. Para la teóloga feminista mexicana Mariana Gómez Álvarez Icaza, también es necesario mirar lo que ocurre en el tejido relacional, afectivo y espiritual de las sociedades, donde los miedos, las incertidumbres y las narrativas que circulan pueden modificar la manera en que las personas comprenden la realidad.
Directora de la Cátedra de Teología Feminista “Carmen Montull Vallés” de la Universidad Iberoamericana de Ciudad de México, Gómez participará en el segundo conversatorio del ciclo “Magnifica Humanitas: pensar el presente y el futuro desde la opción por los pobres y por la Tierra”, organizado por Amerindia. El encuentro se realizará el 25 de septiembre y tendrá como tema “La crisis de las democracias latinoamericanas en tiempos de la posverdad”.
Desde una perspectiva de teología feminista y en diálogo con el caminar comunitario de los pueblos de Amerindia, la autora propone comprender la actual crisis democrática como una fractura que alcanza las relaciones sociales y las formas en que se construye el conocimiento y el sentido colectivo.
El miedo y las emociones en la disputa política
Para la teóloga, la política contemporánea también se desarrolla en el terreno de la intimidad y los afectos. “La política contemporánea opera directamente en la gestión de la intimidad, la subjetividad y los afectos”, explica.
En sociedades atravesadas por incertidumbres económicas y sociales, considera que determinados discursos pueden aprovechar los miedos colectivos para construir respuestas simplificadoras frente a problemas complejos.
“Frente a la precarización sistémica de la existencia, la incertidumbre económica y el desamparo social, los discursos antidemocráticos no ofrecen soluciones estructurales; en su lugar, instrumentalizan las ansiedades colectivas mediante pánicos morales”, señala.
Gómez identifica en este proceso el uso de “dualismos rígidos”, como “orden/caos, sagrado/profano, bien/mal”, que pueden conducir el malestar social hacia la construcción de determinados grupos como enemigos.
Entre estos aparecen, según su análisis, “las diversidades, las luchas feministas, los pueblos originarios, los movimientos socioambientales, entre otros”.
La posverdad y el debilitamiento del discernimiento
La desinformación constituye otro de los elementos de su reflexión. Para Gómez, reducir la posverdad a la circulación de datos falsos impide comprender su alcance. “La desinformación algorítmica no opera como una simple circulación de datos falsos”, sostiene. En su lectura, funciona como “un dispositivo idólatra de carácter cuasi-religioso que ofrece certezas absolutas y pertenencia identitaria a cambio de anular el discernimiento ético, la conciencia crítica y la capacidad de empatía hacia el prójimo”.
Desde esta visión, el problema también alcanza a los sectores más vulnerables, especialmente cuando las narrativas que circulan en las redes sociales terminan condicionando la manera en que las personas interpretan su realidad.
La teóloga plantea así la necesidad de recuperar herramientas para discernir qué discursos buscan informar, cuáles manipulan los miedos y qué intereses pueden estar detrás de determinadas narrativas.
Magnifica Humanitas ante la crisis de la verdad
Gómez encuentra en la encíclica Magnifica Humanitas del Papa León XIV elementos para iluminar esta situación, especialmente en sus reflexiones sobre las tecnologías emergentes, la automatización y la desinformación.
Uno de los puntos que resalta es la referencia bíblica a Babel. “Magnifica Humanitas acude a la metáfora bíblica de la Torre de Babel para denunciar la pretensión de homogeneización, aceleración y autosuficiencia tecnológica que fragmenta el lenguaje común”, explica.
Llevada al escenario latinoamericano, esta imagen permite observar cómo los algoritmos que favorecen la polarización pueden dificultar la posibilidad de compartir un lenguaje común.
También destaca la importancia que la encíclica concede a la existencia humana frente a una visión reducida al cálculo tecnológico. “La dignidad humana, la sabiduría y el juicio moral no pueden reducirse al cálculo de datos o a la frialdad de las métricas”, dice. Y añade una idea que considera central para este debate: “La verdad es un don para la comunión y no un instrumento de dominación”.
Lectura desde la teología feminista
Aunque reconoce estos aportes de Magnifica Humanitas, Gómez propone ahondar su lectura desde una perspectiva feminista, decolonial e interseccional: “Su lectura requiere ser completada y tensionada críticamente desde una hermenéutica feminista de(s)colonial e interseccional”.
Uno de los aspectos que cuestiona es la idea de una antropología universal que puede dejar en segundo plano las desigualdades que atraviesan a las personas. “Las teologías feministas denuncian que los algoritmos de la posverdad no son neutros: están codificados por la arquitectura del patriarcado y el colonialismo”, sostiene.
Añade que “la desinformación y los pánicos morales están diseñados con un sesgo específico para controlar y disciplinar los cuerpos de las mujeres, las diversidades y los territorios”. Por eso, considera fundamental reconocer a las personas y comunidades vulneradas como sujetos capaces de producir conocimiento y aportar al discernimiento colectivo.
“Las teologías feministas exigen reconocer a las mujeres y las diversidades como sujetos epistémicos y teológicos centrales en el discernimiento del espacio público”, sostiene.
Las corporalidades en resistencia
Ante la deshumanización que puede producir la lógica algorítmica, Gómez propone volver al cuerpo y a las experiencias concretas de las personas: “Frente al cinismo de la posverdad y la deshumanización algorítmica, las teologías feministas en América Latina no proponen la nostalgia por el orden liberal abstracto, sino una profunda conversión comunitaria y teopolítica”.
En ese camino sitúa a los cuerpos vulnerados como un lugar fundamental para leer la realidad: “Los cuerpos disidentes, entre ellos los de las mujeres y las diversidades vulneradas, los cuerpos colectivos que defienden la tierra, las madres que buscan a sus familiares desaparecidos y las comunidades precarizadas son el lugar teológico por excelencia”.
Para Gómez, allí donde las narrativas pueden intentar borrar o distorsionar determinadas experiencias, permanece la memoria corporal de quienes las han vivido. “Los cuerpos vulnerados como locus theologicus” permiten, desde su perspectiva, recuperar una memoria que funciona como reserva moral. “Allí donde la posverdad intenta borrar la realidad, la memoria de los cuerpos, como reserva moral, sostiene la veracidad de la historia y encarna la presencia del Dios de la Vida”, explica.
Sospechar, recuperar y reconstruir
La reconstrucción democrática también requiere, desde su propuesta, una mirada crítica sobre las relaciones de poder. Gómez plantea una “hermenéutica de la sospecha y la recuperación”.
La primera permite “desenmascarar la alianza entre los fundamentalismos religiosos y los poderes corporativos”. La segunda busca “reivindicar la sabiduría ancestral, la memoria profética y la autoridad comunitaria para definir el Buen Vivir”.
En esta tarea, la reconstrucción del tejido social adquiere una dimensión comunitaria. La teóloga encuentra en la figura bíblica de Nehemías una imagen para pensar este proceso: “Frente a la dispersión de Babel, la encíclica propone la reconstrucción comunitaria donde el tejido social se restaura mediante la corresponsabilidad de todo el pueblo”.
El cuidado como camino democrático
Otro de los conceptos que Gómez coloca en el centro es el cuidado. Desde la teología feminista, plantea que esta categoría puede convertirse en una dimensión de la vida pública y no quedar restringida al ámbito doméstico.
“El cuidado deja de ser una imposición doméstica para convertirse en una categoría teopolítica radical”, sostiene.
Esta perspectiva lleva a repensar también el sentido de la democracia: “Situar la sostenibilidad de la vida en el centro reconceptualiza la democracia”, dice, hasta convertirla en un espacio que puede ser entendido como “una mesa compartida de corresponsabilidad, sanación y justicia distributiva”.
La propuesta de Gómez coloca así la reconstrucción de la confianza y la participación ciudadana en un terreno que va más allá de las instituciones: recuperar vínculos, escuchar las experiencias de quienes han sido vulnerabilizados, reconocer saberes diversos y volver a construir espacios comunes.
El segundo conversatorio del ciclo “Magnifica Humanitas” permitirá profundizar en estas cuestiones y abrir un diálogo sobre democracia, posverdad, tecnología, teología feminista y participación social en América Latina.
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Inscríbete aquí: https://forms.gle/TzzzaqbrBfPjxTFj8






