04 de Agosto de 2011
Estas líneas no quieren ser una crónica de acontecimientos pasados ni recientes, y mucho menos pretenden hacer un anecdotario arzobispal.
Si escribo hoy es por la imperiosa necesidad de decir lo que siento a impulsos del corazón, sin pensarlo, sin rebuscar hechos, porque estoy convencida de que no se puede silenciar lo que ha sido –que es silenciar la historia–, y también porque lo siento como deber de gratitud y afecto al que gracias al Señor tuvimos como Pastor, al obispo hechura del gigante que le sirvió de modelo. María C. Campistrous Pérez
Estas líneas no quieren ser una crónica de acontecimientos pasados ni recientes, y mucho menos pretenden hacer un anecdotario arzobispal. Si escribo hoy es por la imperiosa necesidad de decir lo que siento a impulsos del corazón, sin pensarlo, sin rebuscar hechos, porque estoy convencida de que no se puede silenciar lo que ha sido –que es silenciar la historia–, y también porque lo siento como deber de gratitud y afecto al que gracias al Señor tuvimos como Pastor, al obispo hechura del gigante que le sirvió de modelo. María C. Campistrous Pérez
©2017 Amerindia - Todos los derechos reservados.