[Por: Guillermo Tell Aveledo | Revista SIC]
Concebir una república que no contenga un bien común, reta las concepciones clásicas de la política. Asumir que algunos asuntos eran de especial atención para el ciudadano, y también parte de su formación y discernimiento, implicaba una lectura sobre la virtud política. Cicerón indicaba que una república es una reunión de muchos “con atención a la justicia y en asociación para buscar el bien común […]”, y que sin ese propósito no se podía “vivir en sociedad”. Tomás Moro, en uno de sus juegos de palabras, nos recordaba que no había “Commonwealth” sin “common wealth”. Ya más recientemente, pero con ese legado clásico y medieval aún vigente, la Doctrina Social de la Iglesia nos recuerda que “La persona no puede encontrar realización sólo en sí misma, es decir, prescindir de su ser ‘con’ y ‘para’ los demás […]”, y que el “bien común” es la razón de ser de la autoridad política…
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