[Por: Eduardo de la Serna]
Nuestro lenguaje, con frecuencia, nos juega malas pasadas. Y no estoy diciendo que “hablamos mal” ni nada por el estilo, sino, simplemente, que a veces nos confundimos. Por ejemplo, es frecuente confundir una iglesia con un templo, y es bueno “hablar claro”. Veamos…
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