[Por: Olga Consuelo Vélez]
El triduo pascual es un momento de vivencia cristiana profunda. Mucha gente se dispone a participar de las liturgias de estos días; lo hacen con sinceridad y recogimiento. Pero conviene mirar si tanto el “contenido” como la “forma” ayudan a tal vivencia. Sobre el “contenido”, hay esfuerzos por dar meditaciones relacionadas con la realidad y hay una llamada a causas muy urgentes como la paz, la justicia, el cuidado de la casa común, la realidad de los migrantes, etc. No quiere decir que todas las meditaciones tienen ese tono. Aún se escuchan algunas que, además de muy largas, se quedan repitiendo frases hechas y casi incomprensibles para la gente común y corriente. En realidad, pocas son las personas que escuchan los sermones y se sienten interpelados por ellos. Y, además, aunque tantos creyentes van, año tras año, a las liturgias de estos días, si les preguntamos el orden y el significado de cada una de ellas, no saben demasiado. Algo o mucho nos falta en la Iglesia sobre la formación cristiana, porque no se logra que el pueblo cristiano crezca en su fe, como se esperaría con tanta participación en las liturgias durante toda su vida…
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