07 de Setiembre de 2025
[Por: Juan José Tamayo]
El fallecimiento del teólogo jesuita español Rafael de Sivatte el 28 de agosto en San Salvador (CA) a los 81 años deja un gran vacío en la Compañía de Jesús, en la Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas” y en El Salvador, tres lugares que conformaron su identidad humana y cristiana. En ellos trabajó con una dedicación y una entrega incondicionales. Nacido en Sarriá (Barcelona) en el seno de una familia de 13 hermanos, tuvo una sólida formación interdisciplinar: estudió filosofía en Barcelona y Alemania, Sagrada Escritura en Jerusalén y Roma y se doctoró en Teología en la Universidad Pontificia de Comillas (Madrid). Pero fue la Sagrada Escritura la que dio sentido a su vida, se convirtió en el centro de su actividad académica y guió su trabajo pastoral.
Enseñó esta disciplina en diferentes centros universitarios de España, Bolivia y El Salvador con pasión y competencia. Dentro de su largo peregrinaje por Europa y América Latina optó por el Salvador como lugar definitivo. “Es aquí donde quiero morir”, afirmó proféticamente a su llegada. En 1994 se nacionalizó salvadoreño y como tal vivió cuarenta años. El Salvador le acogió con cariño y hospitalidad y él respondió con generosidad.
Desde 1985 colaboró temporalmente en la Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas” (UCA), de San Salvador y en 1991 se convirtió en profesor permanente de Antiguo Testamento para continuar la actividad teológica y el compromiso liberador de los compañeros jesuitas asesinados en noviembre de 1989 por el Ejército salvadoreño, y enriquecer su legado, truncado por tan vil crimen. Fue allí donde desarrolló su docencia teológica y bíblica y su trabajo pastoral en el horizonte de la teología de la liberación al servicio del pueblo.
Entre sus investigaciones bíblicas cabe citar: Dios camina con su pueblo. Introducción al Antiguo Testamento; La sabiduría de Israel: ¿conformismo o liberación?; La Biblia y los pobres y excluidos; Monseñor Romero y los profetas de Israel: el ídolo de la riqueza y el Dios de la vida. Los títulos dan idea precisa de su hermenéutica liberadora de la Biblia y de la orientación de su docencia: la opción por las personas y los colectivos oprimidos de El Salvador. El referente ético fue monseñor Romero, arzobispo de San Salvador, asesinado por sus denuncias proféticas de la oligarquía, del Ejército y del Gobierno.
Inseparable de su docencia fue el trabajo pastoral en zonas marginadas de El Salvador donde experimentó la pobreza y la represión militar. Él se definía como “pastoralista ilustrado al servicio del pueblo”. Durante más de treinta años acompañó a las comunidades espiritual y humanamente poniendo en marcha iniciativas sociales como la creación de becas para facilitar el acceso a los estudios universitarios a jóvenes que no podían pagárselos. Fue en esas comunidades donde aprendió a leer la Biblia de otra manera, según confesión propia.
Sivatte vivió una espiritualidad profunda, basada en la Biblia y en los Ejercicios espirituales de San Ignacio de Loyola, que traducía así: “la vida no es para mí, sino para los demás” y coincidía con la afirmación de Pedro Casaldáliga: “mis causas son más importantes que mi vida”.
Junto a la docencia y a la actividad pastoral tuvo importantes cargos de responsabilidad: fungió como rector del teologado jesuita de El Salvador y como director del Departamento de Teología de la UCA. Ejerció estas funciones no de manera burocrática, sino como orientador intelectual y espiritual de los estudiantes, que le confiaban sus inquietudes y aspiraciones y a quienes acompañaba en los momentos de crisis. Hizo suyos los problemas de los estudiantes y compartió con ellos sus experiencias vitales.
Juan José Tamayo es teólogo de la liberación y profesor emérito honorífico de la universidad Carlos III de Madrid. Su último libro es Cristianismo radical (Trotta, 2025).
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