[Por: Carina Furlotti]
A lo largo de este camino de cuatro semanas de Adviento, el evangelio nos fue invitando a entrar, personal y comunitariamente, en la dinámica tan profundamente humana de seguir dando a luz el misterio que nos habita y que nos hace ser más lo que somos, cada día. Experimentamos la invitación a estar despiertos y atentos a la vida nueva que quiere surgir, muchas veces en medio de las dificultades; a abrir canales que posibiliten los encuentros, la empatía, la colaboración; y a redescubrir que la fuente de nuestra alegría está en no escandalizarnos en el modo en que Dios viene a nosotros, precisamente en la fragilidad de nuestra carne y nuestra historia donde todo está mezclado, y donde lo definitivo ya está presente en lo provisorio de nuestros esfuerzos por amar…
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