[Por: Santi Torres | Cristianisme i Justicia]
El día 1 de enero de 1968, el papa Pablo VI instituyó lo que él denominaba «El Día de la Paz». Lo hacía por todo el simbolismo que supone esta fecha, la primera del calendario civil y aún en medio del tiempo litúrgico de la Navidad, contemplando el misterio de la Encarnación, el nacimiento del Príncipe de la Paz. Desde entonces, los diferentes papas han sido fieles a esta Jornada y han enviado unas semanas antes un mensaje de paz al mundo. Las circunstancias de cada Papa eran muy diversas: la Guerra Fría y la caída del muro; grandes genocidios como el de Ruanda, Congo, Sudán y tantos otros; guerras hoy acabadas, pero otras cronificadas: Afganistán, Irak, Siria, Ucrania… (no las podemos enumerar todas, aunque lo deberíamos hacer). Y no solamente guerras declaradas, sino también guerras latentes o injusticias que, sin llegar a ser guerras, siguen matando a millones de personas en todo el mundo, hasta llegar a esta «tercera guerra mundial a pedazos» que es como llamó el papa Francisco a la situación actual. León XIV se suma a esta tradición por primera vez y nos exhorta, en la 59ª Jornada Mundial de la Paz, a construir «una paz desarmada y desarmante»...
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