[Por: Eduardo de la Serna]
En un reciente texto quise ilustrar sobre la importancia de las fuentes cuando de historia se habla. Quise destacar que el primer paso debe ser saber con la mayor verosimilitud posible si algo había o no ocurrido; después, por supuesto, sigue el paso del análisis, el por qué, cómo, cuándo, para qué, etc. Pero sin fuentes serias (y lo señalaba para destacar que muchos – ¿la mayoría? – hoy se “informan” (sic) con poca o nula seriedad) cualquier paso posterior queda “en el aire”, sin sustento, sin raíces. Y, sólo para ilustrar el tema, conté una anécdota de una clase en la que yo explicaba que María Magdalena no había sido prostituta. Y, acá el tema, curiosamente, muchos me cuestionaron o preguntaron sobre esto, tema que, aclaro, hoy no está en discusión en ambientes académicos. Así que voy a decir muy brevemente, algo sobre este tema (y remitir a algún material de consulta)...
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