[Por: Rafael Narbona | Religión Digital]
¿Se puede hablar de esperanza en un mundo que cada vez se parece más al porvenir distópico aventurado por George Orwell, Aldous Huxley y Ray Bradbury? Durante el Mayo del 68, se habló del fin de la utopía, de la posibilidad de instaurar un mundo más justo e igualitario, del fin de las tareas más pesadas gracias a la tecnología, de un futuro donde el ser humano, libre de servidumbres, podría al fin realizarse mediante actividades lúdicas, espirituales y creativas. Las revueltas en París, México o Praga, casi siempre lideradas por estudiantes universitarios, ocuparon plazas y calles para luchar contra ese anhelo de poder y acumulación que impedía la consumación de una utopía al alcance de la mano. Toda esa marea transformadora se estrelló contra el muro de la historia, sin dejar otra huella que la conciencia de un fracaso colectivo...
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