[Por: Ana María Díaz]
Una vez más, estamos en la coyuntura de comprobar que el efecto de la guerra, como la que se inició con el ataque de Israel y EEUU a Irán, no es solo el daño circunscrito a los involucrados inmediatos, sino un aumento sistémico del riesgo en todo el mundo: hay más incertidumbre, más polarización internacional, mayor probabilidad de conflictos indirectos y escaladas; hay incertidumbre financiera, un cruel aumento de precios que agrede particularmente la economía de los hogares, de los más pobres y de las pequeñas empresas; y por supuesto, hay víctimas, desplazamientos y destrucción…
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