[Por: Jesús Lozano Pino]
Vivimos con el corazón acelerado y la mirada fija en un cristal iluminado. No es solo que estemos cansados; es que estamos fragmentados. La sensación de que la vida se nos escapa entre notificaciones y expectativas externas ha creado una generación que habita permanentemente en la ansiedad. Ante esto, el mercado ofrece mil recetas de bienestar y métodos de autoayuda que, aunque útiles, a menudo no logran regar la aridez de nuestra raíz más profunda. Porque el problema no es solo el estrés; es el vacío…
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