Hoy presencié un milagro

19 de Julio de 2026

[Por: Clara Villalba Clavijo]




En aquel tiempo estaba trabajando en una relocalización[1] – un eufemismo para hablar de realojos – en un barrio periférico de Montevideo. La mayoría de los vecinos a realojar eran clasificadores de residuos, de los que salen en pareja y con hijos e hijas en un carrito tirado por caballos. Sí. Aún en siglo XXI… Era en la pandemia del COVID del año 2020 y 2021. El equipo de trabajo se dividía en duplas constituidas por un varón y una mujer. En estas duplas visitábamos, en sus casas, a las familias a ser realojadas.

 

Además, teníamos un espacio de consultas. En una de las plantas de clasificación de residuos había un contenedor de la intendencia donde recibíamos a los vecinos. En general, sacábamos las sillas para afuera, intentábamos aprovechar cada rayo de sol en aquél gélido invierno. Las reuniones más personalizadas transcurrían ahí.

 

Una semana después de varios meses de trabajo allí, apareció una de las parejas, sin los niños, en el espacio de consulta.

 

A pesar de que venían a plantear un cambio de lugar para la vivienda o sea para ser realojados,

 

A pesar de que mencionaron un hecho de violencia en la familia de ella

 

A pesar de que les dijimos que volvieran hoy... No profundicé en la rareza de aquel evento.

 

Hoy, una semana después, volvieron a conversar con nosotros.

 

Él fue desarrollando la conversación con su típica verborragia sobre sus malestares: familiares, del barrio, de la vivienda y de su personalidad "porque yo me conozco" dice varias veces.

 

Dentro de los malestares algunos ya están en fase de conflicto.

 

Uno particularmente.

 

La violencia que ejerce uno de sus primos sobre la hermana de su pareja.

 

El sufrimiento que eso trae a la familia.

 

Nosotros ensayamos alternativas, intentando razonar sobre todo con él, que es quien habla.

 

Ella, como de costumbre, mira hacia un costado y abajo, con sus manos torneadas desde la muñeca hacia fuera del centro del cuerpo.

 

La conversación de él se comienza a centrar cada vez más en la violencia del primo de él hacia la hermana de ella....

 

Que ella se había ido a la casa de los padres con los niños y que al cuarto día él la fue a buscar "con un caño" y se la llevó.

 

Que el padre no pudo hacer nada.

 

Que la madre le vino un tremendo dolor en el pecho.

 

Que él quiere que lo denuncien "como lo denunciaron a él".

 

A mí se me enlenteció el corazón.

 

Miradas furtivas, fugaces entre nosotras y a los ojos.

 

Punto de inflexión no solo en esa conversación, no solo en este día sino en la relación que hemos ido tejiendo con esta pareja en estos meses.

 

Admitía su violencia.

 

Incluso tenía claros los motivos, las circunstancias... que "como no puedo con otros varones o no consigo nada en el requeche, venía y me desquitaba con ella. Le hice de todo yo a ella".

 

Ella continuaba con la cabeza de costado y brotaron lágrimas de su silencio y mojaron el tapabocas. Lo poco que se veía de la cara estaba enrojecido.

 

Y él siguió: "pero a mí me hizo un click, yo estuve muy mal, muy mal, pa pelarme estuve y ella siempre al lado mío, nunca me dejó. No se fue. Me acompañó. Y yo hice un click".

 

Yo me levanté y la abracé. De costado también y fuimos al baño. Se lavó, se secó.

 

Le dije: “¿querés contarme algo, querés hablar? de lo que quieras”. Y ella me respondió: "No. No. Ya pasa... Ya pasa".

 

Al ratito fuimos volviendo, nos fuimos sentando cada una en el lugar que estábamos previamente.

 

Él con los ojos enrojecidos y casi en un murmullo, dice: "a mí me gustaría que mi primo también hiciera el mismo click que hice yo".

 

En un mundo de tanta palabra vana

 

de tanto discurso políticamente correcto, estas palabras eran vida y vida en abundancia.

 

Me recordaron las palabras de un sacerdote amigo que dice "la diferencia entre magia y milagro es que el milagro se suda. Hay que poner de uno para el milagro".

 



[1] En duplas visitábamos casa por casa de los vecinos que se mudarían a otro barrio. Nunca es una mudanza voluntaria. Es necesaria porque en general se inundan esos lugares. Los objetos de las casas navegan corriente abajo, todo sucumbe, y la gente cada vez que llueve mucho se prepara para perder. Aún, así no se quieren mudar. Ese es su lugar, su barrio, sus 4 chapas… su querencia. Y por supuesto es un lugar donde las reglas de convivencia son diferentes a los barrios urbanizados.

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