[Por: Luis Van de Velde]
El día que empezamos a hacer la primera edición de esta reflexión, nos enteramos de que Mariyita (del Pito) había fallecido. Desde finales de los años setenta, fue una mujer pobre del pueblo, muy activa en el camino de las comunidades eclesiales de base y que acompañó desde su pobreza al movimiento popular. Siempre vivió en un rancho construido con permiso en la zona verde de una colonia popular en las afueras de la ciudad de Mejicanos. Es en esa zona donde Hermana Silvia Arriola (asesinada en Cutumay Camones en enero de 1981) realizó una gran labor evangelizadora. Y esto sin olvidarnos de los muertos en esta tragedia de las tormentas y en la pandemia del coronavirus (los que aparecen en las estadísticas oficiales y los muchos otros a los que no se les hizo la prueba), de las personas que están luchando por la vida, de las familias que han perdido su hogar y sus pertenencias y de los agricultores que han perdido sus cosechas. ¿Cómo podemos hacer una reflexión sobre el poder de la vida cuando nos enfrentamos a la muerte de Mariyita y de los miles de personas que siguen muriendo a diario, especialmente las víctimas de la violencia económica, política y militar?…
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