[Por: Jairo Alberto Franco Uribe | Religión Digital]
Aruna, una niña de nueve años, vio que su primita Sasa, de siete años, se hundía en el río, y se tiró al charco para ayudarla; las dos murieron... en la noche fui a los dos velorios, cada una en su casita, en lo profundo de la selva, en lo hondo del dolor...
Comprendí que al dolor de los otros no podemos llegar con palabras e historias sabidas y repetidas, ni aun las mismas inspiradas de la Biblia...si lo religioso le echa tierra a lo humano, y esto sucede con frecuencia, ya no es religioso, es fetichismo, ilusionismo tal vez, excarnación no encarnación…
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