Amerindia Uruguay: Algunos apuntes del segundo encuentro de escucha

13 de Setiembre de 2026

[Por: Carina Furlotti]




El pasado sábado 5 de setiembre celebramos el segundo encuentro de escucha, organizado por Amerindia Uruguay. Como en el primer encuentro, nos dispusimos a escuchar algunas experiencias en las que buscamos reconocer juntas y juntos, los signos de la vida que se abre camino, en medio de tantas situaciones difíciles. En esta oportunidad fueron las experiencias de Pan y Abrazo, de Santa Gema, la Comunidad terapéutica El Puente y el Colectivo Familias presentes.

 

Cada experiencia tiene en su inicio una pregunta que nace de mirar y escuchar la realidad: ¿qué podemos hacer? ¿Cómo podemos aprovechar mejor estos espacios al servicio de otras personas? qué más podemos ofrecer? ¿Cómo dar un salto que signifique un antes y un después en la vida de estas personas?

 

Sabemos que la realidad es compleja, y que muchas veces sentimos que no se puede hacer nada. Sin embargo, hay preguntas capaces de iniciar procesos de búsqueda que convocan a otras personas, colectivos, instituciones; donde las ideas iniciales van quedando por el camino para dar paso a las concreciones posibles.

 

Todas esas preguntas me recordaron a las mujeres que en la mañana de la Pascua van al sepulcro también con una pregunta, según Marcos: ¿quién nos correrá la piedra? (Mc. 16,3) Uno podría pensar que era algo a resolver antes de salir, pero no, ellas se ponen en camino, animándose a cargar con la pregunta que dará pie a un proceso que no logran imaginar, algo así como pasa con cada experiencia que escuchamos.

 

Los testimonios fueron dejando ver, de distintos modos, la necesidad de “correr la piedra” que nos impide unirnos desde nuestro común deseo de humanidad, y experimentar que toda la realidad nos incumbe, que todos dependemos de todos. Situación que para algunos se hacen aún más pesadas, por la acumulación de sufrimientos, que incluso los llevan a experimentar que se merecen lo que viven. Dicho con sus palabras, “con tal de ver a nuestros hijos, naturalizamos el maltrato de la fila”; “nos acostumbramos a que nos digan drogo”; “cuando estás en la calle, nadie te espera, no tenés familia o la perdiste”...

 

Sin embargo, también de la escucha percibimos que hay resquicios que se abren entre las piedras, “agrietando los muros”, como canta Drexler. Que nacen de abajo e iluminan la oscuridad del túnel:

 

- los vínculos recíprocos, hechos abrazo, cuidado, familia

- la conciencia recuperada de la necesidad del cuidado y del disfrute

- las decisiones que vencen el miedo, la vergüenza, la culpa

- el ser reconocidos por nuestro nombre

- sentarnos a la mesa de la escucha, del juego, del pan, de la vida, en reciprocidad

- los errores de los que cosechar aprendizajes para compartir

- el camino recorrido juntas para hacer visibles las injusticias y defender los derechos

- el trabajo por reconocer que todo lo que sucede nos concierne

 

Experiencias que nos recuerdan que “lo que salva lo humano no es la autosuficiencia potenciada, sino una relación que libera, una comunión que transforma” (MH, 128).

 

Sin duda, todo lo escuchado y compartido es motivo para dar gracias y motivo para la alegría que nace desde abajo, en estos procesos compartidos. Pero sobre todo porque nuestra fe nos lleva a reconocer y agradecer que ese mundo nuevo ya está aconteciendo, que la piedra ya ha sido corrida (Mc. 16, 4) por el Crucificado Resucitado, y lo que nos toca es seguir agrietando los muros, para dar paso a la vida.

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