02 de Agosto de 2013
(Eduardo de la Serna) Para nuestra mentalidad contemporánea, en más de un tema, se nos hace bastante difícil entender o ponernos en el lugar de los autores y destinatarios del mundo antiguo. Son dos mundos muy diferentes, y no sólo en lo que a la ciencia y la técnica se refiere. También en el modo de relacionarnos entre nosotros, con la naturaleza y con Dios. Hay muchas cosas que hoy vemos como normales o habituales, pero son impensadas o casi revolucionarias de buscarlas en aquel tiempo. En notas anteriores, las hemos calificado como “osadía de Pablo”, y todavía quedan nuevos capítulos en esta historia.
(Eduardo de la Serna) Para nuestra mentalidad contemporánea, en más de un tema, se nos hace bastante difícil entender o ponernos en el lugar de los autores y destinatarios del mundo antiguo. Son dos mundos muy diferentes, y no sólo en lo que a la ciencia y la técnica se refiere. También en el modo de relacionarnos entre nosotros, con la naturaleza y con Dios. Hay muchas cosas que hoy vemos como normales o habituales, pero son impensadas o casi revolucionarias de buscarlas en aquel tiempo. En notas anteriores, las hemos calificado como “osadía de Pablo”, y todavía quedan nuevos capítulos en esta historia.
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