02 de Agosto de 2013
(JOSÉ Mª RIVAS CONDE ECLESALIA ) Aun cuando resultara desatinado todo lo expuesto en mi nota anterior (“Nuestra muerte y la de Jesús”, ECLESALIA, 13/05/13) la sola aseveración del Catecismo de la Iglesia Católica que la encabeza (nº 1007), es como carga de dinamita en la base de la reflexión de Pablo en Rom 5,12-21. También, consiguientemente, en la de la tradición originada en Gn 2,16-17 y mantenida por la enseñanza oficial impartida hasta hoy. Por ejemplo en el propio Catecismo cuando dice: «El Magisterio de la Iglesiaenseña que la muerte entró en el mundo a causa del pecado del hombre (cf. DS 1511)» (nº 1008).
(JOSÉ Mª RIVAS CONDE ECLESALIA ) Aun cuando resultara desatinado todo lo expuesto en mi nota anterior (“Nuestra muerte y la de Jesús”, ECLESALIA, 13/05/13) la sola aseveración del Catecismo de la Iglesia Católica que la encabeza (nº 1007), es como carga de dinamita en la base de la reflexión de Pablo en Rom 5,12-21. También, consiguientemente, en la de la tradición originada en Gn 2,16-17 y mantenida por la enseñanza oficial impartida hasta hoy. Por ejemplo en el propio Catecismo cuando dice: «El Magisterio de la Iglesiaenseña que la muerte entró en el mundo a causa del pecado del hombre (cf. DS 1511)» (nº 1008).
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