22 de Agosto de 2014
(Luis Alfredo Escalante, sds) La coincidencia entre la celebración del Año de la fe y la conmemoración de los cincuenta años del Concilio Vaticano II nos permite ver que, como afirma el papa Francisco, este evento del Espíritu en la Iglesia significó, en primer lugar, un llamado a volver sobre lo propio de la fe cristiana; es decir, a poner a Jesucristo de nuevo en el centro de nuestra vida eclesial y personal (LF 6). La vivencia y renovación de la fe en todas las formas de vida eclesial, por tanto en la vida religiosa, tiene una referencia central a Jesucristo, fuente de fe, esperanza, amor, fuerza y alegría; y por tanto, también, en los hermanos y hermanas que nos rodean y que luchan para vivir dignamente su existencia.
(Luis Alfredo Escalante, sds) La coincidencia entre la celebración del Año de la fe y la conmemoración de los cincuenta años del Concilio Vaticano II nos permite ver que, como afirma el papa Francisco, este evento del Espíritu en la Iglesia significó, en primer lugar, un llamado a volver sobre lo propio de la fe cristiana; es decir, a poner a Jesucristo de nuevo en el centro de nuestra vida eclesial y personal (LF 6). La vivencia y renovación de la fe en todas las formas de vida eclesial, por tanto en la vida religiosa, tiene una referencia central a Jesucristo, fuente de fe, esperanza, amor, fuerza y alegría; y por tanto, también, en los hermanos y hermanas que nos rodean y que luchan para vivir dignamente su existencia.
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