8 de octubre

10 de Octubre de 2014

(Eduardo de la Serna) «El justo muerto condena a los impíos vivos, y la juventud pronto consumada, la larga ancianidad del inicuo». (Sab 4:16)
El texto del libro de la Sabiduría que he escogido pretende responder a una pregunta típica de la humanidad: ¿Por qué a veces mueren jóvenes los buenos? ¿Por qué murió Benja, y sus compañeros? Y no pretendo aparentar tener una respuesta de la que carezco. Sé que Dios no tuvo nada que ver en esto, sé que Dios pretende que seamos nosotros, los humanos, sus hijos, los que ejecutemos (o no) sus proyectos que son siempre de vida. Y sé que muchas veces somos capaces de hacer todo lo contrario, y de conducir alcoholizados o de obrar de manera tal que nuestras acciones lastimen a otros, los marquen de por vida, o seamos capaces hasta de matar. Nuestras acciones y nuestras omisiones tienen siempre repercusiones en terceros. Cercanos o no. Y obrar según Dios, o no hacerlo es el desafío de los creyentes.
 




(Eduardo de la Serna) «El justo muerto condena a los impíos vivos, y la juventud pronto consumada, la larga ancianidad del inicuo». (Sab 4:16)

El texto del libro de la Sabiduría que he escogido pretende responder a una pregunta típica de la humanidad: ¿Por qué a veces mueren jóvenes los buenos? ¿Por qué murió Benja, y sus compañeros? Y no pretendo aparentar tener una respuesta de la que carezco. Sé que Dios no tuvo nada que ver en esto, sé que Dios pretende que seamos nosotros, los humanos, sus hijos, los que ejecutemos (o no) sus proyectos que son siempre de vida. Y sé que muchas veces somos capaces de hacer todo lo contrario, y de conducir alcoholizados o de obrar de manera tal que nuestras acciones lastimen a otros, los marquen de por vida, o seamos capaces hasta de matar. Nuestras acciones y nuestras omisiones tienen siempre repercusiones en terceros. Cercanos o no. Y obrar según Dios, o no hacerlo es el desafío de los creyentes.

 

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