LAS COMUNIDADES ECLESIALES DE BASE, SIGNO DE ESPERANZA.

09 de Diciembre de 2014

JOSE SÁNCHEZ SÁNCHEZ 
LOS MANANTIALES DE LAS CEBs.
El concilio Vaticano II ha sido el acontecimiento eclesial más importante de los últimos tiempos.  En él, a partir de la vuelta a las fuentes de la Sagrada Escritura y a los Santos Padres, se dio un giro de 180°  en la concepción de la Iglesia;  se pasó de la comprensión de una Iglesia, sociedad perfecta, de desiguales   y se llegó a entenderla como misterio de comunión, expresión de la comunidad trinitaria, por lo que es  Pueblo de Dios, Cuerpo de Cristo, templo del Espíritu Santo y una comunión de comunidades locales.  
Aunque el  Concilio no habló expresamente de las Comunidades Eclesiales de Base,  es en la Constitución sobre la Iglesia (Luz de las naciones) donde encontramos su fundamento. “Esta Iglesia de Cristo está verdaderamente presente en todas las legítimas reuniones locales de los fieles,  que, unidas a sus pastores, reciben también en el Nuevo Testamento el nombre de Iglesia…En estas comunidades, aunque sean frecuentemente pequeñas y pobres o vivan en la dispersión está presente Cristo, por cuya virtud se congrega la Iglesia una, santa, católica y apostólica (Constitución sobre la Iglesia, 26).  Y en la Constitución sobre los gozos y esperanzas, se afirma: “La comunidad cristiana está integrada por hombres que, en Cristo, son guiados por el Espíritu  Santo en su peregrinar hasta el reino del Padre y han recibido la buena nueva de la salvación para comunicarla a todos. La Iglesia por ello se siente íntima y realmente solidaría del género humano y de su historia” (Gozos y esperanzas, 1).
El Espíritu Santo fue desatando en América Latina una nueva experiencia de Iglesia: pequeña, pobre, profética y en diálogo con el sub-mundo de los pobres. Así nacieron las Comunidades Eclesiales de Base (Cebs), en diferentes países del Continente. En la Conferencia episcopal latinoamericana de Medellín (1968) los obispos latinoamericanos les dan carta de ciudadanía, diciendo: “La comunidad cristiana (eclesial) de base es el primero y fundamental núcleo eclesial…, célula inicial de estructuración eclesial, y foco de la evangelización, y actualmente factor primero de promoción humana y desarrollo” (DM Pastoral de conjunto, 10). Ahí quedaron claros su nombre y su identidad. En el documento de Puebla dicen los obispos: “Las Comunidades Eclesiales de Base que en 1968 eran apenas una experiencia incipiente, han madurado y se han multiplicado, sobre todo en algunos países, de modo que ahora constituyen motivo de alegría y esperanza para la Iglesia” (DP 96). “Señalamos con alegría, como importante hecho eclesial, particularmente nuestro y como “esperanza de la Iglesia” (EN 58), la multiplicación de pequeñas comunidades (DP 629). De ahí en adelante se dio una gran expansión de esta experiencia de Iglesia y por su compromiso con los pobres. 
La década de los ’70 fueron años de una gran fecundidad, y de persecución.  Las Cebs. caminaron entre las persecuciones del mundo y los consuelos de Dios.  En la década de los ’80 se comenzó a desconfiar de ellas, por el compromiso liberador de sus miembros y en algunas Iglesias locales se les desconoció. Lo que había iniciado con un  gran entusiasmo y aceptación, sufrió un desprestigio y descenso significativo, que poco a poco fueron siendo superados.
La Conferencia Episcopal de Aparecida dio nuevo apoyo a las Cebs., al afirmar la identidad de las Cebs., cita el documento de Medellín y les reconoce su importancia en la Evangelización de nuestros pueblos: “Medellín reconoció en ellas una célula inicial de estructuración eclesial y foco de fe y evangelización” (DA 178). Comienza así un nuevo tiempo de relanzamiento y fortalecimiento para las Cebs. a nivel continental.
 ¿QUÉ SON LAS CEBs?
El documento de Aparecida afirma algo muy importante sobre las Cebs.: “Ellas recogen la experiencia de las primeras comunidades, como están descritas en los Hechos de los Apóstoles (Cf. Hech. 2,42-47).  Para conocer la identidad de las Cebs., tenemos que ir a las fuentes: Al proyecto comunitario de Jesús y la experiencia de comunión de las Comunidades neotestamentarias.
 
 El proyecto comunitario de Jesús.
Jesús llamó a sus discípulos y discípulas a renunciar formar una nueva familia en la que los lazos de la sangre y de la carne  no fueran su fundamento, sino la escucha de la palabra de Dios y su puesta en práctica, (Cf. Mc 3,35;  Lc 8, 21), es decir, la aceptación del proyecto del Reino y el compromiso de anunciarlo y hacerlo presente (Cf Mt 10, 7). Por tanto, Jesús llamó a sus discípulos y discípulas a  vivir la experiencia de vida común.  Es importante darnos cuenta de cuáles son las características que Jesús quería para esta familia.  En primer lugar esta familia no tiene otro padre que Dios (Mt 23, 9).  Es el Padre de la vida (Mc 12,18-27), es un Dios misericordioso (Lc 15,11s), El prefiere a los pobres (Mt 11,25). Jesús Inicia a sus discípulos en esta experiencia filial y los enseña a llamarlo Padre (Mt 5,9-13).    Jesús quiere una familia que sea comunidad de servicio (Mc 10,35-45; Lc 22,24-30; Jn 13, 5- 15); pretende una familia pobre en los medios y en los proyectos y de pobres (Lc 10,2-6; Mt 10, 9-10; Mc 5,7-11),  que renuncie a la violencia  y que las armas que usen no sean las del proyecto de la muerte, sino las del amor.  (Lc 10,5-7; Jn 18,10). 
Esta familia-comunidad de Jesús tiene que ser una sociedad de contraste. En Mateo 5,13-16 Jesús les dice a sus discípulos que son la sal de la tierra y si la sal pierde su sabor ya no sirve sino para que la pise la gente.  La sal para que dé el sazón a los alimentos debe tener un sabor distinto al de los alimentos que se salan, debe por tanto  contrastar con el estilo de vida del mundo, si no es así, no sirve para nada sino para que la pise la gente. Por tanto, tiene que rechazar las tentaciones del tener, poder y fama (Mt 4,1-11; Lc 14,34ss). El rechazo al Reino viene del amor desmedido al dinero y al placer (Lc 15, 15-24; Mt 22, 1-14).
(Ver artículo completo)
 




JOSE SÁNCHEZ SÁNCHEZ 

LOS MANANTIALES DE LAS CEBs.

El concilio Vaticano II ha sido el acontecimiento eclesial más importante de los últimos tiempos.  En él, a partir de la vuelta a las fuentes de la Sagrada Escritura y a los Santos Padres, se dio un giro de 180°  en la concepción de la Iglesia;  se pasó de la comprensión de una Iglesia, sociedad perfecta, de desiguales   y se llegó a entenderla como misterio de comunión, expresión de la comunidad trinitaria, por lo que es  Pueblo de Dios, Cuerpo de Cristo, templo del Espíritu Santo y una comunión de comunidades locales.  

Aunque el  Concilio no habló expresamente de las Comunidades Eclesiales de Base,  es en la Constitución sobre la Iglesia (Luz de las naciones) donde encontramos su fundamento. “Esta Iglesia de Cristo está verdaderamente presente en todas las legítimas reuniones locales de los fieles,  que, unidas a sus pastores, reciben también en el Nuevo Testamento el nombre de Iglesia…En estas comunidades, aunque sean frecuentemente pequeñas y pobres o vivan en la dispersión está presente Cristo, por cuya virtud se congrega la Iglesia una, santa, católica y apostólica (Constitución sobre la Iglesia, 26).  Y en la Constitución sobre los gozos y esperanzas, se afirma: “La comunidad cristiana está integrada por hombres que, en Cristo, son guiados por el Espíritu  Santo en su peregrinar hasta el reino del Padre y han recibido la buena nueva de la salvación para comunicarla a todos. La Iglesia por ello se siente íntima y realmente solidaría del género humano y de su historia” (Gozos y esperanzas, 1).

El Espíritu Santo fue desatando en América Latina una nueva experiencia de Iglesia: pequeña, pobre, profética y en diálogo con el sub-mundo de los pobres. Así nacieron las Comunidades Eclesiales de Base (Cebs), en diferentes países del Continente. En la Conferencia episcopal latinoamericana de Medellín (1968) los obispos latinoamericanos les dan carta de ciudadanía, diciendo: “La comunidad cristiana (eclesial) de base es el primero y fundamental núcleo eclesial…, célula inicial de estructuración eclesial, y foco de la evangelización, y actualmente factor primero de promoción humana y desarrollo” (DM Pastoral de conjunto, 10). Ahí quedaron claros su nombre y su identidad. En el documento de Puebla dicen los obispos: “Las Comunidades Eclesiales de Base que en 1968 eran apenas una experiencia incipiente, han madurado y se han multiplicado, sobre todo en algunos países, de modo que ahora constituyen motivo de alegría y esperanza para la Iglesia” (DP 96). “Señalamos con alegría, como importante hecho eclesial, particularmente nuestro y como “esperanza de la Iglesia” (EN 58), la multiplicación de pequeñas comunidades (DP 629). De ahí en adelante se dio una gran expansión de esta experiencia de Iglesia y por su compromiso con los pobres. 

La década de los ’70 fueron años de una gran fecundidad, y de persecución.  Las Cebs. caminaron entre las persecuciones del mundo y los consuelos de Dios.  En la década de los ’80 se comenzó a desconfiar de ellas, por el compromiso liberador de sus miembros y en algunas Iglesias locales se les desconoció. Lo que había iniciado con un  gran entusiasmo y aceptación, sufrió un desprestigio y descenso significativo, que poco a poco fueron siendo superados.

La Conferencia Episcopal de Aparecida dio nuevo apoyo a las Cebs., al afirmar la identidad de las Cebs., cita el documento de Medellín y les reconoce su importancia en la Evangelización de nuestros pueblos: “Medellín reconoció en ellas una célula inicial de estructuración eclesial y foco de fe y evangelización” (DA 178). Comienza así un nuevo tiempo de relanzamiento y fortalecimiento para las Cebs. a nivel continental.

 ¿QUÉ SON LAS CEBs?

El documento de Aparecida afirma algo muy importante sobre las Cebs.: “Ellas recogen la experiencia de las primeras comunidades, como están descritas en los Hechos de los Apóstoles (Cf. Hech. 2,42-47).  Para conocer la identidad de las Cebs., tenemos que ir a las fuentes: Al proyecto comunitario de Jesús y la experiencia de comunión de las Comunidades neotestamentarias.

 

 El proyecto comunitario de Jesús.

Jesús llamó a sus discípulos y discípulas a renunciar formar una nueva familia en la que los lazos de la sangre y de la carne  no fueran su fundamento, sino la escucha de la palabra de Dios y su puesta en práctica, (Cf. Mc 3,35;  Lc 8, 21), es decir, la aceptación del proyecto del Reino y el compromiso de anunciarlo y hacerlo presente (Cf Mt 10, 7). Por tanto, Jesús llamó a sus discípulos y discípulas a  vivir la experiencia de vida común.  Es importante darnos cuenta de cuáles son las características que Jesús quería para esta familia.  En primer lugar esta familia no tiene otro padre que Dios (Mt 23, 9).  Es el Padre de la vida (Mc 12,18-27), es un Dios misericordioso (Lc 15,11s), El prefiere a los pobres (Mt 11,25). Jesús Inicia a sus discípulos en esta experiencia filial y los enseña a llamarlo Padre (Mt 5,9-13).    Jesús quiere una familia que sea comunidad de servicio (Mc 10,35-45; Lc 22,24-30; Jn 13, 5- 15); pretende una familia pobre en los medios y en los proyectos y de pobres (Lc 10,2-6; Mt 10, 9-10; Mc 5,7-11),  que renuncie a la violencia  y que las armas que usen no sean las del proyecto de la muerte, sino las del amor.  (Lc 10,5-7; Jn 18,10). 

Esta familia-comunidad de Jesús tiene que ser una sociedad de contraste. En Mateo 5,13-16 Jesús les dice a sus discípulos que son la sal de la tierra y si la sal pierde su sabor ya no sirve sino para que la pise la gente.  La sal para que dé el sazón a los alimentos debe tener un sabor distinto al de los alimentos que se salan, debe por tanto  contrastar con el estilo de vida del mundo, si no es así, no sirve para nada sino para que la pise la gente. Por tanto, tiene que rechazar las tentaciones del tener, poder y fama (Mt 4,1-11; Lc 14,34ss). El rechazo al Reino viene del amor desmedido al dinero y al placer (Lc 15, 15-24; Mt 22, 1-14).

(Ver artículo completo)

 

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