Mons. Romero: exigencia, juicio y buena noticia

23 de Marzo de 2015

Como forma de seguir "haciendo memoria" y recordando a San Romero de América compartirmos el presente artículo que escribiera Jon Sobrino en Revista ECA (marzo 2000) UCA San Salvador y que ha sido publicado también y que se encuentra en http://servicioskoinonia.org/relat/224.htm (Relat)
Artículo
El 24 de marzo se celebró el XX aniversario del asesinato-martirio de Monseñor Romero, y las celebraciones han mostrado varias cosas que merecen una reflexión. La primera es valorar la presencia de Monseñor en estas celebraciones, veinte años después, a pesar de conocidos obstáculos. La segunda es preguntarse por su identidad, más en concreto, de dónde le vino a Monseñor la audacia para hablar como habló y vivir como vivió -lo cual le mantiene vivo hasta el día de hoy. La tercera es la exigencia a proseguir su causa, hoy y a lo largo de la historia, en medio de peligros de enterrarla y cooptarla. Y, por último, siempre queda la pregunta sobre qué, en definitiva, representa hoy Monseñor Romero para nuestro país y nuestro mundo.
Estas reflexiones están dirigidas a todos. Los creyentes, quizás, podrán captar mejor los matices de los conceptos y del lenguaje religioso. Pero pensamos que son comprensibles para todo aquel que trabaje por la vida de los pobres, y mantenga una esperanza. Lo mismo vale para las instituciones. En este escrito tenemos en mente más directamente a las iglesias, pero es evidente que cualquier institución (transnacionales, instancias políticas internacionales, gobiernos, ejércitos, bancos, partidos políticos, medios, gremios...) podrán y tendrán que preguntarse alguna vez qué hacer con Monseñor Romero, o acallar vergonzantemente la pregunta.
Y digamos para terminar esta breve introducción una palabra sobre el título. Monseñor fue una figura muy rica, que no puede sintetizarse en breves palabras. Nosotros nos hemos decidido por llamarlo “juicio”, “exigencia” y “buena noticia”. Que es “buena noticia” para los pobres de este mundo es evidente. También debiera serlo que Monseñor es una “exigencia” para todos nosotros a bajarlos de la cruz. Y, en su muerte, es también “juicio” a un mundo asesino que sigue produciendo muerte en los Grandes Lagos, embargo económico a niños, mujeres y ancianos en Irak, barbarie en Timor oriental y Chechenia. No está hoy muy de moda hablar de “juicio al mundo”, pero, sin recordarlo, la figura de Monseñor queda desfigurada y cooptada -como quedaría la del Cristo crucificado a quien recordamos en esta semana santa. Comencemos.
(Ver artículo completo)




Como forma de seguir "haciendo memoria" y recordando a San Romero de América compartirmos el presente artículo que escribiera Jon Sobrino en Revista ECA (marzo 2000) UCA San Salvador y que ha sido publicado también y que se encuentra en http://servicioskoinonia.org/relat/224.htm (Relat)

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El 24 de marzo se celebró el XX aniversario del asesinato-martirio de Monseñor Romero, y las celebraciones han mostrado varias cosas que merecen una reflexión. La primera es valorar la presencia de Monseñor en estas celebraciones, veinte años después, a pesar de conocidos obstáculos. La segunda es preguntarse por su identidad, más en concreto, de dónde le vino a Monseñor la audacia para hablar como habló y vivir como vivió -lo cual le mantiene vivo hasta el día de hoy. La tercera es la exigencia a proseguir su causa, hoy y a lo largo de la historia, en medio de peligros de enterrarla y cooptarla. Y, por último, siempre queda la pregunta sobre qué, en definitiva, representa hoy Monseñor Romero para nuestro país y nuestro mundo.

Estas reflexiones están dirigidas a todos. Los creyentes, quizás, podrán captar mejor los matices de los conceptos y del lenguaje religioso. Pero pensamos que son comprensibles para todo aquel que trabaje por la vida de los pobres, y mantenga una esperanza. Lo mismo vale para las instituciones. En este escrito tenemos en mente más directamente a las iglesias, pero es evidente que cualquier institución (transnacionales, instancias políticas internacionales, gobiernos, ejércitos, bancos, partidos políticos, medios, gremios...) podrán y tendrán que preguntarse alguna vez qué hacer con Monseñor Romero, o acallar vergonzantemente la pregunta.

Y digamos para terminar esta breve introducción una palabra sobre el título. Monseñor fue una figura muy rica, que no puede sintetizarse en breves palabras. Nosotros nos hemos decidido por llamarlo “juicio”, “exigencia” y “buena noticia”. Que es “buena noticia” para los pobres de este mundo es evidente. También debiera serlo que Monseñor es una “exigencia” para todos nosotros a bajarlos de la cruz. Y, en su muerte, es también “juicio” a un mundo asesino que sigue produciendo muerte en los Grandes Lagos, embargo económico a niños, mujeres y ancianos en Irak, barbarie en Timor oriental y Chechenia. No está hoy muy de moda hablar de “juicio al mundo”, pero, sin recordarlo, la figura de Monseñor queda desfigurada y cooptada -como quedaría la del Cristo crucificado a quien recordamos en esta semana santa. Comencemos.

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