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EL NIÑO QUE NOS TRAE LA PAZ

[Autor Prueba]

 
(Pedro Rupin Gutiérrez) Siento que este año ha sido una permanente Navidad. Un niño -Fernando, el niño que más amo- nos ha enseñado tanto todo este año. Con su fragilidad, con sus limitaciones y debilidades, con su estoicismo y nobleza. Con ese amor que a veces solo puede darnos un niño.
Comenzamos al inicio de este año su tratamiento del autismo por medio de la dieta y suplementos vitamínicos. Nos asustaba -y mucho- emprender un camino que iba a significar muchos sacrificios para él: no poder comer pan ni leche (que le encantaba), no poder consumir azúcar, huevos, carne de vacuno, y varios otros. Un niño de apenas cuatro años. Nos imaginamos muchas veces tener que vigilarlo de cerca todo el tiempo, quitarle cosas por la fuerza, aguantar pataletas. Y él, casi como si nos compadeciera, asumió y se adaptó con una nobleza y madurez que a veces quisiera para mí mismo. “No puedo comer pan porque me duele la guatita”, nos decía. Muchas veces nos vio comer delante de él y no hacer siquiera el intento de quitarnos algo. Tantas veces vio dulces y solo los apuntó, nos preguntó con la mirada y se apartó sin chistar cuando le dijimos que no. Cada tres días tenemos que ponerle una inyección que él, como una costumbre, asume. Llora cuando se la ponemos, pero aun así cuando sabe que es el momento se tiende en la cama, dice “Fernando es un niño valiente” y pone el potito. Como si fuera poco, nuestra Emilita ha comprendido y no pide dulces delante de él, se preocupa cuando lo ve con pena, lo busca para jugar.
 

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Viviendo las navidades globalizadas

[Autor Prueba]

Cuando yo era pequeña, por allá por la Edad de Piedra, todo era más simple.  De partida éramos pocos, éramos bastante pobres y vivíamos en el quinto pino, es decir en las antípodas de dónde sucedían los grandes eventos mundiales y las grandes modas no nos tocaban tan fuertemente.
Chile era absolutamente provinciano, en los pueblos los hombres andaban vestidos de huaso, con sombrero tipo cordobés, chaqueta corta, pantalón de mil rayas, botas de taco para poner espuelas, e incluso caballo y las carretelas pasaban por las calles frecuentemente.  Los colegios terminaban sus clases a comienzos de Diciembre, cuando la primavera toma aires de verano; se comía fruta a raudales, peritas, damascos, duraznos, brevas, y se hacía mermelada en el patio de la casa en fondos de cobre revolviendo lentamente para que no se pegara.  En las iglesias se rezaba el Mes de María y el aroma a nardos, jazmines  y acacias en flor llenaba el ambiente; del Mes de María se pasaba a la Novena del Niño Jesús y se preparaban grandes pesebres en las iglesias y en algunas casas.  El árbol de Navidad iba entrando poco a poco, a través de los alemanes e ingleses residentes, y el Viejo Pascuero,  un amasijo de tradiciones europeas y creación de la Coca Cola por ahí por 1930, era el que traía los regalos, ya que  los Reyes habían sido destronados hace rato.  Todo se concentraba en la noche entre el 24 y el 25 de Diciembre. 
 

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