31 de Marzo de 2017
[Por: Carolina Vásquez Araya]
Es muy lindo vivir en democracia. Tener la suficiente libertad de pensamiento como para opinar abiertamente sobre cualquier cosa, desde las anécdotas más banales hasta los temas profundos de la sociedad; caminar por las calles sin temor a sufrir una muerte no programada en la agenda del día y sobre todo aceptar con absoluta certeza la pertinencia de las leyes que rigen la comunidad, con la convicción de haber sido dictadas por representantes íntegros. Algo así sería el ideal democrático presente en el imaginario colectivo desde el día aquel cuando se depuso la última dictadura y se envió a sus cuarteles al último gobernante militar…
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[Por: Carolina Vásquez Araya]
Es muy lindo vivir en democracia. Tener la suficiente libertad de pensamiento como para opinar abiertamente sobre cualquier cosa, desde las anécdotas más banales hasta los temas profundos de la sociedad; caminar por las calles sin temor a sufrir una muerte no programada en la agenda del día y sobre todo aceptar con absoluta certeza la pertinencia de las leyes que rigen la comunidad, con la convicción de haber sido dictadas por representantes íntegros. Algo así sería el ideal democrático presente en el imaginario colectivo desde el día aquel cuando se depuso la última dictadura y se envió a sus cuarteles al último gobernante militar…
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