08 de Setiembre de 2017
[Por:Claudia Rafael]
Un mes. 720 horas. Santiago no está desde hace más de 2 millones y medio de segundos. Simplemente no está. No es. Y su desaparición, ese no lugar, esa ausencia que no se toca ni se huele, sustenta la violencia simbólica y real del poder que se va construyendo milimétricamente para lo que Weber llamaría la domesticación de los dominados. Santiago no está desde hace 43.200 minutos. Y al desnudo quedan las estructuras de una sociedad que acepta. Endulzada en sus oídos por las construcciones mediáticas que dibujan explicaciones y falsedades.
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[Por:Claudia Rafael]
Un mes. 720 horas. Santiago no está desde hace más de 2 millones y medio de segundos. Simplemente no está. No es. Y su desaparición, ese no lugar, esa ausencia que no se toca ni se huele, sustenta la violencia simbólica y real del poder que se va construyendo milimétricamente para lo que Weber llamaría la domesticación de los dominados. Santiago no está desde hace 43.200 minutos. Y al desnudo quedan las estructuras de una sociedad que acepta. Endulzada en sus oídos por las construcciones mediáticas que dibujan explicaciones y falsedades.
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