[Por: Luis Van de Velde]
Cuando Monseñor Romero se topó frontalmente con la miseria del pueblo salvadoreño en la diócesis de Santiago de María (1975-1976) y desde su fe enraizada en la experiencia bíblica, sabía que el grito de los pobres era el mismo Dios gritando. Sabía que Dios escucha el grito de su pueblo y que ve cómo lo humillan en la explotación y la opresión. Tantas veces había leído el relato del Éxodo…
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