[Por: Eduardo de la Serna]
En los cuatro Evangelios (Mateo, Marcos, Lucas y Juan) encontramos una escena semejante, pero que en los dos últimos es muy diferente a la presentada por los dos primeros. Nos detendremos en esta, pero muy rápidamente veamos algo de aquellos. En Lucas, en una comida, una mujer “pecadora en la ciudad” se hace presente entre los comensales y llorando “riega” los pies de Jesús, los seca con los cabellos y besaba y ungía sus pies con “perfume”. Jesús interpreta esto como un acto de pedido de perdón y de amor (Lc 7,36-50). En Juan, en cambio, cerca de la Pascua Jesús va a casa de los hermanos Lázaro, Marta y María y María unge los pies de Jesús. Ante la queja de Judas, Jesús le dice que ella “debía guardarlo” preparando este tiempo (12,1-7). Como se ve, hay elementos en común, pero otros que son diferentes. Probablemente los Evangelistas conocen un hecho y cada uno lo adapta a su catequesis. Pues bien, en Marcos, y lo acompaña Mateo, encontramos una escena semejante, pero que también tiene sus características propias…
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