[Por: Eduardo de la Serna]
Pocas cosas, si algo, más escandalosas que la cruz. No la cruz en sí misma, que desde los persas se había vuelto algo frecuente, sino la cruz de Jesús. Y no, tampoco, por ser la de un inocente; ¡bastante frecuente es que los poderosos quieran “sacarse de encima” a alguien que molesta sin que eso implique necesariamente crimen alguno. Lo escandaloso radica en nuestra relación con el crucificado…
Decargue el artículo.
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