Rostro femenino de Dios desde los pueblos de Amazonía

31 de Mayo de 2026

[Por: Kasper Kapron]




Reflexión teológica para la Solemnidad de la Santísima Trinidad

 

Escribo estas reflexiones desde la Amazonía boliviana, después de más de varios años de vida misionera entre los pueblos de la selva, los ríos y las comunidades dispersas del Oriente boliviano. Las escribo desde una Iglesia concreta, donde la fe se abre camino entre grandes distancias y una escasez permanente de ministros ordenados. Precisamente aquí, en esta periferia geográfica que tantas veces se convierte en centro teológico, he aprendido que el rostro cotidiano de la Iglesia tiene, en gran medida, rostro de mujer.

 

La solemnidad de la Santísima Trinidad nos introduce en el corazón mismo de la fe cristiana. Celebramos el misterio de Dios vivo que se ha revelado como comunión de amor. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo no son tres dioses, sino un único Dios que existe eternamente en una relación perfecta de amor, entrega y reciprocidad. Desde los primeros siglos, la Iglesia comprendió que el misterio trinitario constituye el fundamento de toda la creación y de toda la historia de la salvación. San Juan lo resumió en una frase que permanece como la síntesis más profunda de la revelación cristiana: «Dios es amor» (1 Jn 4,8)

 

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