[Por: Matías Soares]
La reflexión que me propongo en este “artículo de opinión” tiene como punto de partida una inquietud de Mons. Paulo Jackson, Arzobispo de Olinda y Recife, quien, en nuestra formación para los liderazgos que articulan las actividades de la Campaña de la Fraternidad en la Regional Nordeste II de la CNBB —compuesta por las provincias eclesiásticas de Alagoas, Pernambuco, Paraíba y Río Grande del Norte—, me planteó esta provocación, considerando el significado etimológico de la palabra “parroquia”, a partir de la Primera Carta de San Pedro, en la siguiente referencia: “Aγαπητοί̦, παρακαλω ώζ παροίκους καί παρεπίδήμους” (cf. 1 Pe 2,11): “Amados, os exhorto como extranjeros y peregrinos”... El apóstol exhorta a que, entre los gentiles, la conducta de los cristianos sea irreprochable, para que estos puedan glorificar a Dios a causa de su testimonio. Los cristianos, según el autor, “deben respetar a todos, amar a sus hermanos en la fe, temer a Dios y respetar a las autoridades constituidas” (cf. 1 Pe 2,17). Es decir, su vida hará que sus relaciones estén guiadas por el amor y marcadas por la cercanía, y no por la “extrañeza” provocada por las diferencias que expulsan a los Otros...
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