¿Cómo traducir hoy “Reino de Dios”?

07 de Junio de 2026

[Por: Rosa Ramos]




¿Cuántos kilómetros faltarán
para llegar al pueblo aquel?

Un día claro como un vergel
los corazones se abrirán
los pobres se repartirán
el mundo, el vino, el pan aquel…

Numa Moraes

 

“Reino de Dios”, peor aún “gloria de Dios”, son expresiones de nuestra jerga cristiana que sin duda son incomprensibles para ajenos, pero también ya hoy para propios. La IA dice “La jerga es el lenguaje particular y exclusivo que utilizan entre sí los individuos de una misma profesión, oficio o grupo social. Su vocabulario a menudo resulta incomprensible para quienes no pertenecen a ese entorno”.

 

Quizá hace unas décadas eran “normales”, creíamos entenderlas todos y las decíamos sin prurito. Nos acostumbramos desde niños a esas expresiones que los evangelistas ponen como síntesis de la novedad de Jesús en su boca: “el reino de Dios está cerca” (Mc. 1, 15), “busquen el reino de Dios y su justicia y todo lo demás vendrá por añadidura” (Mt. 6, 33), “el reino de Dios está entre ustedes” (Lc. 17, 21). Solemos decir el reino adviene o advino a nosotros en la persona de Jesús. 

 

Pero hoy el término “reino” está contaminado, no es que no lo estuviera antes, desde tiempos bíblicos, el propio Jesús advierte sobre los reyes y su dominio, y el dar un vistazo a la historia hasta siglos recientes nos muestra un panorama desolador. Sin embargo, hoy nos resulta más chocante que nunca la palabra “reino”, quizá porque hemos crecido en sensibilidad, descubierto “derechos humanos”, aunque nos cuesta mucho vivirlos.  Lo cierto es que hoy es necesario reformular, repensar, procurar una traducción a “reino de Dios”, darle un sentido que sea significativo para este tiempo.

 

Claro que no se trata de sacar esa expresión de los evangelios sinópticos, pero asumir que es preciso volver a llenarla de contenido con la persona, los signos, las palabras del propio Jesús. Volver a “caer en la cuenta” del mensaje-persona que más nos acerca a Dios.

 

Y para los “ajenos”, los que no entienden la jerga, quizá podamos acercarlos con ejemplos concretos y cercanos. El lenguaje del amor es universal y puede hacer más inteligible el reino de Dios ya presente a veces apenas atisbado en pequeñas experiencias comunitarias. En el poema canción citado aparece como soñado “el pueblo aquel” a una distancia desconocida, en kilómetros.

 

Voy a compartir lo vivido hace una semana en una actividad organizada por Amerindia. Junto con otros organizamos un “espacio de escucha” en el que participamos treinta y cinco personas. Podría decir que allí vislumbramos el sentido genuino de esa expresión de Jesús recogida por los evangelistas y que hoy nos es extraña, ambigua, por qué no negativa, en nuestro imaginario.

 

 Al inicio nos preguntamos y escuchamos responder: “En las situaciones más críticas de nuestra vida ¿qué nos ayudó a salir?”. Después tuvo lugar un panel con tres experiencias. 1. Un grupo llamado “Minga” que trabaja con adolescentes en riesgo en Las Piedras, una ciudad a 45 kilómetros de Montevideo. 2. La experiencia de un hombre joven que vivió en situación de calle y ahora vive en una casa comunitaria, proyecto de Obsur. 3. “Proyecto Caminos” llevado adelante por un grupo ecuménico con mujeres que realizan trabajo sexual. Esta experiencia fue compartida por una religiosa y por una pastora. Luego del panel volvimos a escucharnos reflexionar en grupos las “esperanzas y desafíos”, que más tarde pusimos en común haciendo circular una vela encendida.

 

Hicimos experiencia del “reino de Dios”, de ese vivir como Dios sueña que vivamos en la escucha abierta, respetuosa, acogiendo las diferentes historias, experiencias y después los ecos. Hicimos experiencia y la hicimos consciente en el final del encuentro expresándonos agradecimiento y dándonos unos a otros un gran abrazo, antes de compartir fraternalmente el almuerzo.

 

A los cristianos se nos hace sí inteligible que el reino de Dios está cerca, en medio nuestro, cuando compartimos dolores y esperanzas, temores, cansancios y empeños por construir “el pueblo aquel donde no falte el tibio pan, donde te ofrezcan pura miel, donde no te golpearán por religión o por piel”, como canta Numa Morales. Se nos hace palpable aún en situaciones penosas, en lo imperfecto de nuestras construcciones, aunque todavía falta mucho camino por hacer y por vivir.

 

Descubrimos y señalamos en el espacio de escucha que las diferentes experiencias no sólo desmienten el “no se puede hacer nada”, sino que además nos desafían a cambiar la cabeza, las expectativas y el lenguaje. “Hay esperanza, empatía, humanidad. Son muchas las experiencias de acogida y acompañamiento, son muchos los procesos de inclusión de las personas en situaciones de vulnerabilidad. Hay muchos hermanos trabajando y todos podemos aportar y descubrir potencialidades” -son algunas de las reflexiones que surgieron-.

 

“Se puede y se puede en comunidad, en redes, con otros” Nos salvamos en racimo, no se trata de que unos saben, pueden, dan, y otros pasivamente reciben; todos aprendemos, crecemos, cambiamos en estos procesos de compartir vulnerabilidades, capacidades y empoderamiento. No cabe duda de que vivimos una realidad de exclusión, de violencia, de inhumanidad que hasta se promueve, pero también hay mucho de camino, de construcción, de novedad: “Hay estrellitas que iluminan la noche”, se dijo.

 

Si cambiamos la mirada y escuchamos atentamente, descubrimos que a lo largo del tiempo siempre hubo muchas estrellitas de esperanza iluminando esos procesos de humanización. En la jornada también escuchamos la palabra serena y humilde del Padre Cacho, del que ya hemos escrito otras veces. Hace más de treinta años, en otro contexto de sufrimiento y exclusión, él veía esa luz que empezaba a surgir en el barrio: “En cierto sentido nuestro pueblo ha practicado un ateísmo sobre las personas, hemos dejado de creer en el otro, y ahora empieza a surgir ese valor, creer en el otro como valor en sí, como persona, como ser capaz de hacer resurgir la vida.”

 

El “reino de Dios” lo vimos cerca en Minga, en Proyecto Caminos, en Puertas abiertas, casa comunitaria. Podríamos traducir la expresión como “el mundo humano”; “el pueblo aquel donde todos caben”, donde todos tenemos, fragilidades y fortalezas, algo para aportar; “allí donde resurge la vida” porque creemos en las personas y todas las manos se tienden para sostener la vida tan frágil como valiosa. Entonces hasta se haría entendible y no escandalosa la expresión “gloria de Dios”, pues sería la alegría del Dios de Jesús, que no la gloria del mundo que divide y excluye a los pequeños. (Mt. 11, 25).

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