[Por: Eduardo de la Serna]
Hace muchos, muchos años, en tiempos casi olvidados (1992) estaba yo en Italia, en un pueblito cerca de Siena (Rapolano Terme) dando una mano al cura por las fiestas pascuales. El domingo de Pascua vino su familia a almorzar y entre ellos su tío, también cura. Sentado en la cabecera de la mesa, puso a la derecha a su sobrino y a mi – condescendientemente, pero por ser cura – a su izquierda. El resto de la familia lo escuchaba sin animarse a contradecir cualquier cosa que dijera. Si alguien decía algo, él inmediatamente decía “Io ti spiego!” (è basta!, podría acotarse). Él explicaba y “causa finita”…
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