De visitas y sorpresas

20 de Junio de 2026

[Por: Rosa Ramos]




“La Iglesia está llamada a una visión sacramental de una sola historia: allí se hace carne el seguimiento de Jesús. Todo lo que la Iglesia ofrece debe encarnarse de modo original en cada lugar del mundo…” Del Prefacio del Papa Francisco al libro póstumo de Gustavo Gutiérrez.

 

Venimos de vivir recientemente la visita del Papa León XIV a España; de cerca o de lejos muchísimas personas hemos seguido con creciente interés dicha visita. Y, sin duda, hubo sorpresas. Pero visitas hacemos y recibimos con frecuencia, algunas calan de modo especial y dan lugar a tesoros de encuentros y descubrimientos. 

 

Me voy a referir a una visita de ese tenor que recibimos en Montevideo, Uruguay, esta semana.  El Movimiento de Profesionales Católicos de Uruguay (MIC Pax Romana) invitaron al teólogo Leo Guardado. Nacido en El Salvador migró con nueve años a EEUU; él mismo lo ha referido: ha vivido las -no por conocidas menos duras- experiencias de todos los migrantes forzados e indocumentados. Es Dr. en Teología y actualmente docente de la universidad Fordham, dirigida por jesuitas en Nueva York. Con cuarenta y cuatro años, es “joven” para nuestro ámbito.   

 

Leo Guardado fue invitado a presentar el libro póstumo de Gustavo Gutiérrez: “Vivir y pensar el Dios de los pobres”. Guardado fue alumno y colaborador del gran teólogo peruano, padre de la Teología de la Liberación. Fue elegido por su profesor para organizar y concluir sus últimos escritos que se condensaron en un tomo de casi quinientas páginas. Este libro cuenta con un significativo prefacio del Papa Francisco, del cual tomamos la cita inicial.

 

Sobre las visitas de Leo Guardado y el sacerdote vasco Luis Mari Goicoetxea, asesor eclesiástico mundial de Pax Romana, seguramente otros amigos tienen mucho más autoridad y contenidos para contar, puesto que han convivido y compartido estos días con ellos. Yo lo hago como “público” en la presentación de dicho libro y en la exposición que el mismo día hizo en una parroquia: “Mística y Espiritualidad en el s XXI”, resumiendo uno de los cursos que dicta para jóvenes en Manhattan. 

 

La presentación del libro en la Universidad Católica al mediodía del 17 contó con mucho público pese al horario. La grabación está disponible: https://www.youtube.com/watch?v=4pyYphE8fEA

 

Asimismo, fue muy numerosa, quizá más, la participación en la parroquia. Distintas en su contenido, en ambas lo descubrimos como intelectual y docente creativo, pero también sencillo y cálido. Destaco su “encarnación”. Obviamente la esperaba en el planteo del libro de Gustavo Gutiérrez, pero la siguió mostrando claramente en la noche al contar cómo presenta a los estudiantes de diversas religiones o de ninguna, el curso de Mística y Espiritualidad. Allí parte de la pregunta ¿Quién soy?, y usa como recursos música, pinturas, videos e indica a los jóvenes trabajos prácticos “en terreno”. 

Creo que le faltó tiempo para conectar la última mística expuesta, la alemana Dorothee Sölle, con Gustavo Gutiérrez. Ante unas preguntas del auditorio, llegó a decir que Gutiérrez era muy parco para expresar su experiencia personal de Dios. Sin embargo, considero que se puede establecer un paralelo claro en base a los textos e inquietudes de ambos.

 

Titulé este artículo “De visitas y sorpresas”, porque cuando alguien visita un nuevo país, afronta nuevos encuentros con apertura de corazón, sorprende y se sorprende. La realidad puede dar más de sí. Las personas también. Y de asombro en asombro, aprendemos y crecemos.

 

Muchos uruguayos pudimos conocer a este teólogo joven y con él encontrarnos con tantos temas caros a Gustavo Gutiérrez, con su testamento, diríamos. Otros en busca de caminos espirituales pudieron acceder en poco más de una hora a un recorrido histórico muy interesante y documentado a la vez que con “piques” didácticos. Todos pudimos sorprendernos con la humanidad de este laico, que fue migrante sin papeles, tras atravesar países a pie huyendo de la pobreza y la violencia, que más tarde vivió años en un monasterio, que después se doctoró en Teología y hoy es docente, escritor… Muchas vidas en cuarenta y cuatro años.

 

Uruguay les deparaba también sorpresas a Leo y a Luis María. En primer lugar, las que suelen brindar las visitas a otros países: amigos nuevos, comidas típicas, veladas, encuentros, compartir fraterno, en fin. Pero sucedió algo inesperado -para ellos y para nosotros- la pascua de un sacerdote muy querido: Javier Galdona, que les brindó la oportunidad de conocer más la Iglesia y la idiosincrasia uruguaya. Supongo que algunas preguntas sobre nuestra realidad e Iglesia, que se preguntaba Leo al final de la primera exposición, fueron respondidas al día siguiente con lo visto y oído. 

 

Me detengo en lo que supongo fue la mayor sorpresa: participar de la Misa de exequias de un cura tan genuinamente uruguayo como Javier. Para nosotros su muerte fue un golpe enorme, nos cuesta aún creer que su risa tan sonora no resonará en nuestras reuniones, que su aporte lúcido y crítico no será parte de ellas, que sus ojos llenos de picardía y ternura no nos aflojará y enternecerá un poco cuando estamos crispados ante algo o alguien… Nos cuesta creer que nos faltarán su honestidad cabal, su destacada inteligencia unida paradojalmente a una sensibilidad a flor de piel, y que, ante nuevos desafíos tendremos que conectar con ellos desde otro lugar…

 

Ese desconcierto y enorme dolor de tantos, se expresó en silencios, abrazos, en llantos más abiertos o más contenidos, en cuidados mutuos entre los amigos. Leo sentado entre los más cercanos, fue testigo de esas expresiones, Luis María revestido y desde el presbiterio habrá tenido una vista panorámica. Ambos seguramente asombrados de ver en el país poco religioso un templo atiborrado de laicos profundamente conmovidos y unos cuarenta ministros ordenados, varios llegados de lejos, pues Javier fue docente de todos y muy respetado por todos. ¿No era pequeña la Iglesia uruguaya?

 

¿Cómo es posible una celebración así tan sentida pero tan sencilla, austera y sin distancias entre jerarquía y laicos, donde todos se tutean y se abrazan? Ambos visitantes pudieron ver allí nuestra peculiar espiritualidad, observar la “horizontalidad” uruguaya donde no hay protocolos ni pleitesía por parte de los laicos. Quizá vieron en esa celebración lo que dice Francisco en el prefacio citado: una iglesia encarnada de modo original, cristianos orgullosos de ser pueblo de Dios, conscientes de vivir la única historia haciendo carne el seguimiento de Jesús, “en la praxis diaria de hacernos mutuamente personas”, como repetía Galdona en sus clases. Siempre aprendices, claro…

 

Los visitantes llegaron en un momento oportuno para conocer y sorprenderse del modo de vivir la fe en este paisito. Fueron testigos de lo cosechado por un hombre de la talla de Javier y conocieron la capacidad de descentrarse y acogerlos por parte de sus mejores amigos en momentos de gran dolor. Y fue oportuna para nosotros su visita: nos ayudó a volver a mirar la historia a largo plazo y con esperanza, como Gustavo Gutiérrez, también a conectar la Mística con la encarnación y el arte. 

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