21 de Junio de 2026
[Por: Luis Fernando González Gaviria]
La tradición espiritual cristiana ha leído desde sus orígenes el libro de la creación como un segundo texto revelado, una página donde lo divino deja huellas que el alma atenta puede descifrar.
El Physiologus y los bestiarios medievales convirtieron al pelícano, al fénix y al unicornio en figuras de Cristo; el desierto dio al monje el escorpión y la serpiente como maestros de vigilancia; el éxtasis de Francisco de Asís encontró hermandad en el lobo y en la alondra. Sin embargo, hay una criatura que la imaginación místico-teológica apenas ha rozado: el tiburón. Asociado culturalmente al miedo, la voracidad y la amenaza, construcción reforzada por la industria del entretenimiento más que por una pedagogía de la contemplación, el tiburón permanece exiliado de la hagiografía simbólica…
Decargue el artículo.
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