Vivir y pensar el Dios de los pobres hoy: la lectura de Leo Guardado sobre el legado de Gustavo Gutiérrez

28 de Junio de 2026

[Por: Rosario Hermano]




La presentación del libro Vivir y pensar el Dios de los pobres, realizada en la Universidad Católica del Uruguay por el teólogo salvadoreño-estadounidense Leo Guardado, el miércoles 17 de junio pasado, constituyó mucho más que la introducción a una nueva publicación. Fue una invitación a volver sobre el legado intelectual y espiritual de Gustavo Gutiérrez, fundador de la Teología de la Liberación, y a preguntarse por su vigencia en un mundo marcado por nuevas formas de exclusión, desigualdad y fragilidad humana.

 

El libro, editado por Guardado y publicado poco antes del fallecimiento de Gutiérrez, puede leerse como una síntesis madura de una trayectoria teológica que atravesó más de cinco décadas de reflexión. En ese sentido, la presentación permitió recorrer los grandes ejes del pensamiento de Gustavo Gutierrez, pero también comprender la profundidad humana y espiritual de quien transformó la manera de hacer teología en América Latina y en la Iglesia universal.

 

Una teología que nace de la vida

 

Uno de los aspectos centrales destacados por Guardado fue que la obra de Gustavo Gutiérrez no puede comprenderse únicamente como una construcción intelectual. Su teología surge de la experiencia concreta de los pobres, de la escucha de sus sufrimientos y esperanzas, y del encuentro con comunidades creyentes que buscan vivir el Evangelio en contextos de injusticia.

 

Desde esta perspectiva, la Teología de la Liberación no aparece como una ideología ni como una propuesta política particular, sino como una reflexión creyente que toma en serio la realidad histórica. La pregunta por Dios no se formula al margen de la vida de los pueblos, sino precisamente en medio de ella. Por eso, la pobreza no constituye simplemente un tema entre otros, sino un lugar privilegiado desde donde pensar la fe cristiana.

 

Guardado insistió en que para Gutiérrez los pobres no son solamente destinatarios de la acción pastoral. Son sujetos de la historia, portadores de sabiduría y protagonistas de la experiencia de Dios. Esta convicción representa una de las contribuciones más originales y duraderas de la teología latinoamericana al conjunto de la Iglesia.

 

El Dios de la vida frente a la injusticia

 

Otro de los ejes recurrentes de la exposición fue la comprensión de Dios que atraviesa toda la obra de Gustavo Gutierez. El Dios de los pobres no es un Dios distante o abstracto. Es el Dios de la vida, comprometido con la dignidad humana y presente en la historia de quienes sufren exclusión.

 

En este marco, Guardado recordó que la opción preferencial por los pobres no constituye una estrategia pastoral ni una consigna sociológica. Se trata de una dimensión fundamental de la fe cristiana. El Dios revelado en Jesucristo manifiesta una cercanía especial hacia quienes son marginados y descartados por las estructuras sociales.

 

Esta afirmación adquiere especial relevancia en un contexto global caracterizado por profundas desigualdades económicas, crisis migratorias, violencia social y nuevas formas de precarización. La pregunta que emerge es cómo anunciar hoy el Evangelio de manera significativa en un mundo donde millones de personas continúan viviendo situaciones de pobreza y exclusión.

 

Una de las contribuciones más valiosas de la presentación fue la insistencia en la dimensión espiritual de la obra de Gutiérrez. Con frecuencia la Teología de la Liberación ha sido reducida a sus aspectos sociales o políticos. Sin embargo, Guardado subrayó que en el pensamiento del teólogo peruano la contemplación y el compromiso forman una unidad inseparable.

 

La experiencia de Dios no conduce al alejamiento de la realidad, sino a una inserción más profunda en ella. La oración, la reflexión bíblica y la vida comunitaria alimentan el compromiso por la justicia. Del mismo modo, el trabajo por la transformación social encuentra su fuente y su sentido en la experiencia espiritual.

 

Esta articulación entre mística y acción constituye uno de los rasgos distintivos de la tradición teológica inaugurada por Gutiérrez. Su propuesta invita a superar dicotomías que todavía persisten entre espiritualidad y política, fe y compromiso histórico, contemplación y transformación social.

 

La actualidad de la Teología de la Liberación

 

Lejos de presentar la Teología de la Liberación como un fenómeno del pasado, Guardado propuso leerla como una tradición viva que continúa ofreciendo herramientas para interpretar los desafíos contemporáneos.

 

Las formas actuales de pobreza son diferentes a las que existían cuando apareció el célebre libro Teología de la liberación. Perspectivas en 1971. Sin embargo, las preguntas fundamentales permanecen abiertas: ¿cómo hablar de Dios en medio del sufrimiento humano?, ¿cómo construir sociedades más justas?, ¿qué significa seguir a Jesús en contextos de exclusión?

 

La emergencia de nuevas desigualdades, los desplazamientos forzados, la crisis ecológica, la violencia y los fenómenos de exclusión cultural exigen nuevas respuestas. No obstante, la intuición fundamental de Gutiérrez conserva toda su fuerza: la reflexión teológica debe partir de la realidad de los pobres y orientarse hacia la construcción de una sociedad más humana.

La presentación concluyó dejando entrever una preocupación central: transmitir este legado a las nuevas generaciones. Guardado destacó que muchos jóvenes conocen el nombre de Gustavo Gutiérrez, pero no siempre han tenido acceso directo a sus escritos ni a la riqueza espiritual de su pensamiento.

 

En este sentido, Vivir y pensar el Dios de los pobres aparece como una puerta de entrada privilegiada para acercarse a la obra de uno de los teólogos más influyentes del siglo XX y comienzos del XXI. Más que un resumen de ideas, el libro ofrece una invitación a descubrir una manera particular de vivir la fe, comprender la Iglesia y asumir la responsabilidad cristiana frente al sufrimiento humano.

 

Su presentación mostró que la Teología de la Liberación continúa siendo una fuente fecunda de reflexión para quienes buscan articular fe, justicia y compromiso con los más vulnerables. Más allá de los cambios históricos y de los debates que han acompañado su recepción, el núcleo de la propuesta permanece vigente: el encuentro con Dios pasa por el encuentro con los rostros concretos de quienes sufren pobreza y exclusión. En ellos se revela una pregunta decisiva para la fe cristiana y para la construcción de una sociedad más humana.

 

Volver a Gustavo Gutiérrez no significa regresar al pasado. Significa recuperar una mirada capaz de reconocer en los pobres no un problema que resolver, sino un lugar privilegiado desde donde escuchar nuevamente la llamada del Evangelio.

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