21 de Abril de 2026
[Por: Jesús Lozano Pino | Religión Digital]
Hay una soledad inmensa que solo se comprende cuando se viste de blanco ante la inmensidad de la Plaza de San Pedro. Aquel 8 de mayo de 2025, el mundo no solo vio el humo blanco; vio asomarse a un hombre, Robert Francis Prevost, que bajo el nombre de León XIV parecía llevar sobre sus hombros no solo la tiara, sino el cansancio de una humanidad sedienta de tregua.
Veníamos de la era de Francisco, un Pontífice que fue puro fuego y corazón, una figura mediática y magnética que devolvió la ilusión a quienes se sentían alejados o incluso silenciados por la propia Iglesia. León XIV, en cambio, se presentó con una timidez casi sagrada, un perfil bajo que refleja un modo distinto de presencia: si Francisco era la palabra que sale al encuentro, León es la invitación a la reflexión compartida…
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