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LAS COMUNIDADES ECLESIALES DE BASE, SIGNO DE ESPERANZA.

[José Sánchez Sánchez]

JOSE SÁNCHEZ SÁNCHEZ 
LOS MANANTIALES DE LAS CEBs.
El concilio Vaticano II ha sido el acontecimiento eclesial más importante de los últimos tiempos.  En él, a partir de la vuelta a las fuentes de la Sagrada Escritura y a los Santos Padres, se dio un giro de 180°  en la concepción de la Iglesia;  se pasó de la comprensión de una Iglesia, sociedad perfecta, de desiguales   y se llegó a entenderla como misterio de comunión, expresión de la comunidad trinitaria, por lo que es  Pueblo de Dios, Cuerpo de Cristo, templo del Espíritu Santo y una comunión de comunidades locales.  
Aunque el  Concilio no habló expresamente de las Comunidades Eclesiales de Base,  es en la Constitución sobre la Iglesia (Luz de las naciones) donde encontramos su fundamento. “Esta Iglesia de Cristo está verdaderamente presente en todas las legítimas reuniones locales de los fieles,  que, unidas a sus pastores, reciben también en el Nuevo Testamento el nombre de Iglesia…En estas comunidades, aunque sean frecuentemente pequeñas y pobres o vivan en la dispersión está presente Cristo, por cuya virtud se congrega la Iglesia una, santa, católica y apostólica (Constitución sobre la Iglesia, 26).  Y en la Constitución sobre los gozos y esperanzas, se afirma: “La comunidad cristiana está integrada por hombres que, en Cristo, son guiados por el Espíritu  Santo en su peregrinar hasta el reino del Padre y han recibido la buena nueva de la salvación para comunicarla a todos. La Iglesia por ello se siente íntima y realmente solidaría del género humano y de su historia” (Gozos y esperanzas, 1).
El Espíritu Santo fue desatando en América Latina una nueva experiencia de Iglesia: pequeña, pobre, profética y en diálogo con el sub-mundo de los pobres. Así nacieron las Comunidades Eclesiales de Base (Cebs), en diferentes países del Continente. En la Conferencia episcopal latinoamericana de Medellín (1968) los obispos latinoamericanos les dan carta de ciudadanía, diciendo: “La comunidad cristiana (eclesial) de base es el primero y fundamental núcleo eclesial…, célula inicial de estructuración eclesial, y foco de la evangelización, y actualmente factor primero de promoción humana y desarrollo” (DM Pastoral de conjunto, 10). Ahí quedaron claros su nombre y su identidad. En el documento de Puebla dicen los obispos: “Las Comunidades Eclesiales de Base que en 1968 eran apenas una experiencia incipiente, han madurado y se han multiplicado, sobre todo en algunos países, de modo que ahora constituyen motivo de alegría y esperanza para la Iglesia” (DP 96). “Señalamos con alegría, como importante hecho eclesial, particularmente nuestro y como “esperanza de la Iglesia” (EN 58), la multiplicación de pequeñas comunidades (DP 629). De ahí en adelante se dio una gran expansión de esta experiencia de Iglesia y por su compromiso con los pobres. 
La década de los ’70 fueron años de una gran fecundidad, y de persecución.  Las Cebs. caminaron entre las persecuciones del mundo y los consuelos de Dios.  En la década de los ’80 se comenzó a desconfiar de ellas, por el compromiso liberador de sus miembros y en algunas Iglesias locales se les desconoció. Lo que había iniciado con un  gran entusiasmo y aceptación, sufrió un desprestigio y descenso significativo, que poco a poco fueron siendo superados.
La Conferencia Episcopal de Aparecida dio nuevo apoyo a las Cebs., al afirmar la identidad de las Cebs., cita el documento de Medellín y les reconoce su importancia en la Evangelización de nuestros pueblos: “Medellín reconoció en ellas una célula inicial de estructuración eclesial y foco de fe y evangelización” (DA 178). Comienza así un nuevo tiempo de relanzamiento y fortalecimiento para las Cebs. a nivel continental.
 ¿QUÉ SON LAS CEBs?
El documento de Aparecida afirma algo muy importante sobre las Cebs.: “Ellas recogen la experiencia de las primeras comunidades, como están descritas en los Hechos de los Apóstoles (Cf. Hech. 2,42-47).  Para conocer la identidad de las Cebs., tenemos que ir a las fuentes: Al proyecto comunitario de Jesús y la experiencia de comunión de las Comunidades neotestamentarias.
 
 El proyecto comunitario de Jesús.
Jesús llamó a sus discípulos y discípulas a renunciar formar una nueva familia en la que los lazos de la sangre y de la carne  no fueran su fundamento, sino la escucha de la palabra de Dios y su puesta en práctica, (Cf. Mc 3,35;  Lc 8, 21), es decir, la aceptación del proyecto del Reino y el compromiso de anunciarlo y hacerlo presente (Cf Mt 10, 7). Por tanto, Jesús llamó a sus discípulos y discípulas a  vivir la experiencia de vida común.  Es importante darnos cuenta de cuáles son las características que Jesús quería para esta familia.  En primer lugar esta familia no tiene otro padre que Dios (Mt 23, 9).  Es el Padre de la vida (Mc 12,18-27), es un Dios misericordioso (Lc 15,11s), El prefiere a los pobres (Mt 11,25). Jesús Inicia a sus discípulos en esta experiencia filial y los enseña a llamarlo Padre (Mt 5,9-13).    Jesús quiere una familia que sea comunidad de servicio (Mc 10,35-45; Lc 22,24-30; Jn 13, 5- 15); pretende una familia pobre en los medios y en los proyectos y de pobres (Lc 10,2-6; Mt 10, 9-10; Mc 5,7-11),  que renuncie a la violencia  y que las armas que usen no sean las del proyecto de la muerte, sino las del amor.  (Lc 10,5-7; Jn 18,10). 
Esta familia-comunidad de Jesús tiene que ser una sociedad de contraste. En Mateo 5,13-16 Jesús les dice a sus discípulos que son la sal de la tierra y si la sal pierde su sabor ya no sirve sino para que la pise la gente.  La sal para que dé el sazón a los alimentos debe tener un sabor distinto al de los alimentos que se salan, debe por tanto  contrastar con el estilo de vida del mundo, si no es así, no sirve para nada sino para que la pise la gente. Por tanto, tiene que rechazar las tentaciones del tener, poder y fama (Mt 4,1-11; Lc 14,34ss). El rechazo al Reino viene del amor desmedido al dinero y al placer (Lc 15, 15-24; Mt 22, 1-14).
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MISTICA y MINERÍA ¿Cuál es la espiritualidad que sustenta nuestras luchas?

[Alirio Cáceres]

MISTICA y MINERÍA
¿Cuál es la espiritualidad que sustenta nuestras luchas?
ALIRIO CÁCERES AGUIRRE
oikos19@gmail.com
Con un saludo de Paz y Buen Vivir, presento estos chispazos para la reflexión con la esperanza en la gestación que trae el Espíritu en el Adviento.
Algunas coordenadas para comprender desde dónde hablo:
- En el escenario de comunidades afrodescendientes en La Toma, municipio de Suárez en Cauca, occidente colombiano, estamos realizando un estudio interdisciplinario sobre los mecanismos de defensa del territorio: Represa, Base Militar, Títulos Mineros, Retroexcavadoras ilegales, amenazas, despojo, destrucción son algunas palabras claves para entender el contexto. Allí, como en una obra de teatro, hay actores sociales, cada uno con sus intereses e imaginarios. He venido indagando ¿cuál es el papel de las organizaciones religiosas en el conflicto? (perspectiva sociológica) y ¿Qué imaginarios sobre dios y naturaleza respaldan las posiciones de los diversos actores en el escenario del Río Ovejas?
- A la vez, estoy adelantando un proyecto llamado “Interpretación soteriológica del extractivismo minero en Colombia”, es decir estoy adentrando en una hondura de la disciplina teológica desde la categoría “salvación”. Todos los actores hablan de “salvar”. “La locomotora minera- energética es la salvación económica”. “Salvemos el Amazonas, los páramos, el territorio”. “Salvemos al Planeta”. “Salvémonos con el Planeta”. Cristo es el salvador, Dios nos ofrece su salvación…En fin, cuál de la perspectiva cristiana de la salvación y qué criterios de discernimiento surgen para que las comunidades de fe disciernan sus decisiones en estos escenarios amenazados por el extractivismo?
- Esto lo he hecho al amparo de una trayectoria académica de diálogo teología – ecología desde 1999 y especialmente, del equipo ECOTEOLOGIA de la Pontificia Universidad Javeriana, creado en 2002 en los tiempos de Río + 10. Queríamos “Pensar Teológicamente, Actuar ecológicamente”
Además, he asumido mi diaconía ministerial como diaconía eclesial, y más aun, confieso ante uds que mi vida tiene sentido como diacono de Creador en su Creación. En el fondo hay una pregunta para todos sobre la mismidad , la crisis ecológica es una crisis moral. Es una interpelación vocacional….¿para qué de la propia vida en un mundo globalizado del Siglo XXI?…”Maestro, qué he de hacer para ganar la vida eterna?”
Unas aclaraciones preliminares:
- Voy a utilizar la palabra “Espiritualidad” ¿Qué entiendo por espiritualidad?. No es un dualismo que opone espíritu a la materia. Es un dinamismo vital que da sentido a la existencia y revela la apuesta fundamental de cada ser humano. Hay espiritualidad más allá de la religión. No hay una sana teología sin espiritualidad. Para mí, la espiritualidad que subyace a nuestras luchas es la espiritualidad de comunión con todo lo creado.
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Las responsabilidades de la Iglesia en el proceso de memoria, verdad y justicia.

[Autor Prueba]

Las responsabilidades de la Iglesia en el proceso de memoria, verdad y justicia.
Grupo de Curas en la Opción por los Pobres
Navidad 2014
Introducción
En estos tiempos de Navidad, celebramos al Dios con nosotros, a la Palabra hecha carne. El Dios encarnado nos invita a vivir nuestra fe en la historia, con los pies en el barro de la vida y el destino de nuestros pueblos que caminan en busca de dignidad, libertad y justicia. 
En 2016 no solo cerraremos los festejos del bicentenario de la independencia nacional sino también estaremos recordando 40 años del inicio de la dictadura genocidaque llenó de muerte y desolación al pueblo argentino.
Todavía hoy las heridas de ese periodo no están cerradas, a pesar de los enormes avances en materia de derechos humanos realizados desde 1983. Se han reconstruido muchas de las historias destrozadas por la violencia del terrorismo de estado, se han encontrado los restos de muchos desaparecidos; se han restituido a sus familias personas apropiadas de manera violenta e ilegal al nacer y separadas compulsivamente de sus padres; se derogaron las leyes de obediencia debida y punto final, y se anularon los indultos lo que permitió acelerar el curso de los juicios a los represores y responsables de crímenes de lesa humanidad; se identificaron gran número de centros clandestinos de detención y se resignificaron como espacios de memoria colectiva. Pero todavía hay muchas cuentas pendientes. 
La Iglesia no fue un actor más en este oscuro periodo de nuestra historia, sino ciertamente un protagonista central.Su participación fue compleja y la ubicación de sus miembros, diversa. El apoyo político de la mayoría del episcopado a la que deben sumarse nuncios y capellanes militares fue fundamental para la ejecución del plan represivo de la dictadura, que actuó en nombre de los valores del occidente cristiano. El episcopado como organismo corporativo callóaun cuando conocía en detalle tanto los métodos criminales y terroristas utilizados por la Junta Militar, como las consecuencias del desguace del modelode desarrollo industrial con progreso social y la implantación de una economía fundamentalista y liberal de mercado. 
También hubo una Iglesia víctima del terrorismo del estado que padeció torturas, asesinatos, desapariciones, exilio: laicos y laicas, religiosos y religiosas, curas y obisposademás de hermanas y hermanos de otras confesiones religiosas.Su compromiso con el evangelio de la vida, la opción por los pobres y el acompañamiento de las luchas populares los convirtió en enemigos de los defensores de la nación católicay de la divinización del mercado. La sangre del martirio de la Iglesia víctima fue negada por el episcopado cómplicelo cual constituye una paradoja anti-evangélica que queremos denunciar. Pasaron casi 40 años para que se hiciera justicia con el asesinato de Enrique Angelelli, y los obispos hasta el momento no emitieron palabra ni participaron en la misa de la vigilia, salvando un par de excepciones. Y hasta algunos todavía hoy siguen diciendo que Angelelli “murió”. Llama la atención que la Iglesia jerárquica no se haya sentido perseguida en la dictadura, habida cuenta de que muchos de sus miembros fueron torturados, asesinados o desaparecidos. Y es más llamativo todavía que la misma Iglesia sí afirme sentirse perseguida en períodos democráticos.
En estos últimos tiempos parecería haber una conciencia repentina del episcopado, manifestada por algunos de sus miembros, de la urgencia de prestar colaboración con el esclarecimiento de los crímenes de la dictadura y el paradero de los desaparecidos y niños apropiados, quizá motorizada por las inquietudes del Papa Francisco, que nos alegran. Pero creemos que el esclarecimiento de los crímenes del terrorismo de estado no se agota en el mero aporte de datos sino con la búsqueda comprometida de los derechos humanos y el acompañamiento de las víctimas y organismos militantes en la causa de la memoria, la verdad y la justicia.
Desde ya que nos parece sumamente importante estimular el aporte de todo tipo de datos que ayuden a esclarecer el paradero de los desaparecidos que no han sido hallados y de los nietos apropiados que no han sido restituidos. Pero suena muy contradictorio que los que llevan décadas ignorando a los organismos de derechos humanos y resistiéndose a reconocer una complicidad manifiesta con los crímenes de la dictadura, sean ahora los que pidan colaboración.Como hemos dicho de manera insistente en cartas anteriores, ¿no tendría que haber también un reconocimiento explícito de la no colaboración con el esclarecimiento de los crímenes de la dictadura hasta el pasado reciente? ¿No tendría que haber explicaciones acerca de por qué la Iglesia no ha participado nunca oficialmentede los actos conmemorativos del 24 de marzo?
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“Ser testigos de la Luz”

[Autor Prueba]

Tercer domingo de Adviento, Ciclo B 2014
Jn 1,6-8.19-28
Juan Pablo Espinosa Arce (Chileno)
Licenciado en Educación (Universidad Católica del Maule)
Profesor de Religión y Filosofía
Email: juanpablo.231190@gmail.com
Twitter: @juanpirancagua
Estamos ya en el tercer domingo de Adviento, sólo dos semanas nos separan de la Navidad. Este domingo es llamado “Letare”, que significa “alegría”, y el color morado es cambiado por el rosa, para significar que la Navidad está ya próxima. En este tercer domingo también cambiamos el evangelista que de Marcos pasa a Juan.
La palabra de este tercer fin de semana de Adviento es “testigo”, la cual es aplicada a Juan Bautista quien nuevamente domina el evangelio. El lugar que el Bautista asume y como veíamos el domingo pasado era el de mensajero y testigo. ¿De quién es testigo? El Evangelio de Juan es uno alto en imágenes simbólicas o conceptos diferentes a los sinópticos (Mt, Mc, Lc) y una de ellas es la “Luz”. Jesús es identificado con ella cuando se dice “Él (Juan Bautista) no era la luz, sino un testigo de la luz” (Jn 1,8). Pienso aquí en la Primera Lectura de la Nochebuena tomada de Isaías: “El pueblo que caminaba a oscuras vio una luz inmensa, los que habitaban un país de sombras se inundaron de luz” (Is 9,1). El que es identificado con la luz es el Mesías que permite que los que viven en las sombras de la desesperanza puedan caminar en una luz nueva e intensa. Es la gran luz que no conoce ocaso y de la cual los creyentes hemos de transformarnos en testigos
“Testigo” y “testimonio” son palabras que van indisolublemente unidas. En el Adviento la Iglesia ha de volver a comprender que su verdadero sentido se ubica justamente en la actividad de testimonio que da a un mundo que vive en sombras y que camina a oscuras. Si indagamos un poco más en la palabra griega para decir testigo nos daremos cuenta que ésta es “mártir”. Así, la espiritualidad del Adviento es una de carácter martirial. Como cristianos y cristianas debemos aprender a correr riesgos por el sólo hecho de vivir nuestra fe. Los riesgos vienen como parte integradora de nuestra común vocación bautismal que nos hace profetas, es decir, mensajeros que anuncian la Palabra de Dios y denuncian aquellas estructuras de pecado social y personal que denigran la dignidad de la persona, imagen y semejanza de Dios.
El testimonio en éste tercer domingo de Adviento debe ser también uno profundamente alegre. Aunque en este tiempo ya no cantemos el Gloria o las flores de nuestras Iglesias ya no estén presentes, la alegría debe ser una identidad que esté incoada en lo más profundo de nuestro ser cristianos, hermanos de Jesucristo. Quizás el mayor testimonio de que la Iglesia aún tiene una palabra que decir en este mundo es que vive su vocación con alegría, con esa sonrisa que nos ha recordado Francisco. ¡No nos dejemos robar la alegría! ¡No dejemos de testimoniar con palabras y obras aquél Reino que nos trajo la Luz que iluminó para siempre la noche del mundo! ¡No nos cansemos de ser testigos de la luz.
PREGUNTAS PARA LA REFLEXIÓN
¿Cómo puedo ser testigo de la Luz?
Nuestra sociedad actual tiene como dios al dinero, ¿cómo puedo/podemos dar testimonios de la gratuidad del Dios del que fue testigo Juan Bautista?
“Esta es la patria del Adviento, de la Navidad, la que Cristo nos manda ofrecer por medio de su Iglesia, a los que tienen en sus manos las riendas, los destinos, los poderes: económicos, sociales, políticos, para que construyan junto con un pueblo tan de buena voluntad, donde si es cierto que hay terrorismo y hay maldades, no será la culpa el no haberlo comprendido bien. Hermanos, esta es la tarea de la Iglesia en la historia de cada país. Hacer de cada historia de cada país una historia de salvación”
Homilía de Mons. Óscar Arnulfo Romero Galdámez
Tercer Domingo de Adviento
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